Negación plausible o también llamada negación probable, es una doctrina política desarrollada durante la guerra fría que consiste en generar mecanismos que permitan negar una verdad o desviar la responsabilidad de un hecho a un actor con cierto poder o rango de autoridad; algo similar a lo hecho por el rector Alfredo Barrera Baca con el tema de la inseguridad.

En el marco de otra negación plausible conocida como “niños héroes”, Barrera Baca dijo que a su consideración el tema de la inseguridad en las instalaciones de la Universidad y sus alrededores es una exageración de los estudiantes porque los reportes que le entregan los responsables de resguardar la seguridad en dichos lugares eso indican.

Es decir, básicamente el rector está negando el hecho de que existe un alto nivel de inseguridad en las escuelas de la Uaeméx y sus alrededores y lo hace basado en él “siempre confiable” (léase con todo el sarcasmo posible) reporte que le hacen llegar los responsables de resguardar y mantener la seguridad en las instalaciones y que “curiosamente” (inserte más sarcasmo aquí, por favor) indican que “no hay frecuencia alarmante en cuanto a asaltos”.

Una frase atribuida algunas veces a Mark Twain y en otras a Benjamin Disraeli dice que “hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”. Hablar de una “frecuencia alarmante” no es otra cosa que trasladar los hechos al terreno de las estadísticas, es decir, al de las mentiras como parte de una negación plausible.

Se trata del mismo argumento de los “casos aislados” a los que el gobierno recurre cuando se trata de justificar un hecho cuya ocurrencia puede recaer en la responsabilidad de una dependencia o su titular pero se niega la posibilidad a través de decir que no es algo que pase siempre o que era “completamente imprevisible” con lo que la responsabilidad o culpabilidad se extingue por completo.

En la lógica de la negación, al no existir una “frecuencia alarmante” en asaltos en las instalaciones de la Uaeméx, ello con base en los reportes que entrega la Dirección de Seguridad Universitaria y Protección Civil (porque no es que ellos tengan intenciones de ocultar casos que pudieran dejar en evidencia que no hacen un buen trabajo), entonces los casos de asaltos, robos y otras tropelías que ahí ocurren y puedan ocurrir; pues son “casos aislados” de los cuales no hay ninguna responsabilidad.

Pasa lo mismo con esa lamentable declaración, también del rector, de que “no hay venta ni un consumo preocupante del drogas en la Universidad” es decir, sí hay consumo pero no tanto y a final de cuentas lo importante es que no se vende ahí, es decir, no es responsabilidad de las autoridades el consumo porque ahí no se compra, es cosa de los estudiantes o de los académicos que quién sabe dónde la consiguen para consumirla aunque, pues no tanto.

La situación con la negación plausible es que evita que el problema sea tomado en serio y que se tomen las decisiones pertinentes para solucionarlo, la propuesta que hizo el fiscal General de Justicia del Estado de México (FGJEM) Alejandro Gómez Sánchez, de llevar agencias del Ministerio Público a las instalaciones de la Universidad tampoco resuelve el tema de inseguridad pero al menos genera la percepción de que los casos serán investigados y, muy importante, que la voz de los estudiantes de está escuchando y sus demandas atendidas.

A final de cuentas la negación plausible es la resistencia al reconocimiento formal de una realidad sensible para quienes se encuentran todos los días con distintos tipos de casos, por experiencia propia o de un cercano, que van desde el acoso hasta el robo con violencia de sus pertenencias o simplemente la “desaparición” de las mismas.

En los hechos, que el rector Barrera Baca niegue una realidad tan evidente para los universitarios en sus instalaciones solo pone en riesgo a miles de estudiantes y maestros que lo único que piden es tener espacios para desarrollar actividades académicas y de investigación libres del temor de la delincuencia; algo que las autoridades universitarias son evidentemente incapaces de brindar.

Si las marchas, manifestaciones y denuncias de los estudiantes y docentes no son suficientes, no alcanzan, para ser atendidos y que sus problemas sean resueltos; entonces la pregunta que se deben estar haciendo quienes han encabezado estos movimientos llega por obviedad ¿que van a hacer los universitarios para resolver el problema que viven ante la negación en que insisten sus autoridades? ¿Cuál será el siguiente paso para ser tomados en serio?

J. Israel Martínez Macedo