La Consulta Nacional del Nuevo Aeropuerto ha sido, por decir lo menos, decepcionante en cuanto a su realización, no hay forma de que alguien pueda considerar que las fallas en su metodología no afecten el resultado y, peor aún, que el mismo sea de alguna manera confiable.

Antes de que la consulta arrancara ya había varias dudas sobre ella, sobre su legalidad y legitimidad, incluso sobre si en ejercicio en realidad serviría para tomar una decisión tan importante como la cancelación del proyecto de aeropuerto en Texcoco, lo que ha generado el cuestionamiento acerca de si la decisión no estaba ya tomada y la propia consulta es solo una simulación engañabobos.

Más allá de lo que ocurra con ella, es un hecho que López Obrador ya es el gran perdedor porque sea cual sea el resultado no habrá forma de que el presidente electo pueda revertir el desgaste que las fallas de este ejercicio tendrán a lo que resta de su gobierno que, además, aún no comienza.

La consulta será referente para todas sus acciones de gobierno, se utilizará como comparativo en sus futuras decisiones y lo acompañará para todo su sexenio: sí se cancela el aeropuerto será el estandarte del autoritarismo simulado; si no se cancela, será la gran falla a quienes votaron por él pues esa fue una de sus propuestas de campaña mas importantes.

Por dónde se le busque no hay forma de que López Obrador salga bien parado de la consulta, peor aún sus declaraciones lo están haciendo ver mal, lo dicho sobre qué sólo unos cuantos tramposos no afectan porque el pueblo de México es honesto y por eso él confía en que la consulta es válida para tratar de defender todas las fallas del ejercicio en lugar de reconocerlas es preocupante si se vuelve sintomático de lo que será su gobierno.

Pese a todo los grupos de apoyo del lopezobradorismo no han dejado de intentar descalificar las acusaciones de la consulta, medios afines a estos grupos se han sumado a la descalificación como una forma de intentar defender lo indefendible.

El equipo del presidente electo está descubriendo que no es lo mismo ser oposición que gobierno y lentamente empiezan a recurrir a los mismos mecanismos que en otros momentos criticaron y cuestionaron.

No deja de ser preocupante, de igual manera, la cantidad de desinformación que ha surgido por el aeropuerto, tratando de reducir el tema a ganadores y perdedores tratando de utilizar imaginarios colectivos construidos artificialmente que, por eso mismo, han caído en el desgaste y, por tanto en el desinterés.

Peor aún, el asunto de la consulta nos mantiene distraídos de temas muy importantes como el delos damnificados por el huracán Willa a quienes, en otras circunstancias, ya nos habríamos movilizado para enviar ayuda y conformado centros de acopio para buscar mitigar la situación en que quedaron después de la tragedia.

Ahora resta esperar los resultados, que desde ayer ya no eran confiables pero que aún así serán tomados como “palabra del pueblo” para justificar una decisión que ya parecía tomada desde el principio y que solo está buscando ser legitimada de algún modo a pesar de la baja participación (hubo cerca de 184 mil participantes pero somos más de 110 millones de mexicanos).

El desgaste innecesario de López Obrador lo hará perder ese apoyo con el que alcanzó el triunfo en las urnas y para el primer día de su gobierno ya no contará con la misma fuerza política con la que pudo, incluso decidir qué hacer con el NAIM sin que nadie pudiera apenas cuestionar la decisión.

Así las cosas, con el capital político dilapidado López Obrador le dejara en condiciones complicadas para el inicio de su mandato, si a eso se le suma una posible crisis ocasionada por acciones cómo está consulta, vayámonos preparando para un arranque complicado en su administración.

Sí la consulta arroja como resultado que el aeropuerto debe ser cancelado, los empresarios e inversionistas tomarán acciones que impactarán en la economía, si el aeropuerto continúa, los seguidores del lopezobradorismo verán con tristeza que todo ha sido una simulación electorera; por donde se le vea AMLO pierde y nadie gana.

J. Israel Martínez Macedo