Cada día que se acerca la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México, se vuelve más interesante y curiosa la manera en que se llevará la relación con los medios de comunicación y los propios comunicadores pero más todavía la relación de estos con el gobierno.

Parecería evidente pensar que ambas relaciones son lo mismo pero en realidad no es así, el proceso de comunicación social es de dos vías y eso implica que existe un tipo de relación del gobierno con los medios y quienes los hacen y otra de estos hacia el gobierno.

La primera tiene que ver con el manejo informativo que la administración llevará a cabo, los convenios de publicidad (un tema que ha causado mucho interés por las promesas realizadas en campaña), la transparencia y el acceso a la información (que, aunque relacionadas, no son la misma cosa) y el ejercicio de las libertades de opinión y prensa.

Pero la segunda es más interesante aún, tiene que ver con el comportamiento (pocas veces observado o comentado) de los medios de comunicación y su relación con el poder; porque en estos espacios podemos encontrar todo tipo de opiniones y opinadores; los que están a favor y los que están en contra, los que analizan y los que intuyen, los que califican y los que descalifican.

Para que una democracia funcione es necesario que exista diversidad en las opiniones y respeto a las mismas; no obstante en situaciones como la que estamos por vivir en el país es por demás interesante la manera en que se moverán los opinadores y los medios respecto a un gobierno que, al menos en principio, asegura ser distinto e incluso contrario a sus antecesores.

Será interesante ver a quienes se manifestaban críticos con el sistema si mantendrán esa postura o se moverán hacia el oficialismo que todo justifica, si excusarán al gobierno de López Obrador culpando como él a las administraciones anteriores o le exigirán de la misma manera que hacían con los gobiernos “de derecha”.

Del otro lado están los oficialistas, los que siempre aplauden, los que siempre festejan y alaban; será interesante ver si se mantienen fieles a un régimen que ya les ha advertido que no habrá dádivas ni contratos a modo para hacer lo que regularmente hacen.

Tendrá un morbo especial identificar a aquellos que se conviertan en aquello que decían más odiar; oficialistas que se pasan al bando crítico, críticos que se vuelven hacia el oficialismo, los que mantendrán su postura de siempre y los que se terminen por arrodillarse al centralismo administrativo del dinero.

En la relación del gobierno con los medios se vislumbra un escenario complejo y ambivalente (como ha sido todo en este periodo de transición) se promete libertad y trato digno pero se cierran puertas, se bloquean accesos, se descalifican voces contrarias y se advierte que se han terminado los tiempos de “excesos” en los medios.

No podemos olvidar que ya antes hemos tenido iniciativas que buscan la censura previa de los espacios en Internet y otros medios de comunicación, la reciente confrontación entre el presidente del Senado, Martí Batres y el monero Francisco Calderón ha levantado la suspicacia respecto a los alcances de la crítica y la tolerancia del absolutismo morenista al respecto.

Sin duda es momento de replantear el periodismo y su relación con la comunicación oficial e institucional, es tiempo de renovación y con ello de oportunidades para quienes sepan encontrarlas (en ambos lados), es indispensable para el país una prensa crítica al igual que la otra, la que aplaude fácil y defiende a rajatabla porque así la sociedad encuentra el equilibrio informativo y puede generarse su propio criterio, que es el objetivo máximo de la labor de informar.

J. Israel Martínez Macedo