Durante siglos hemos tenido que soportar el estereotipo de la mujer ama de casa, que no puede trabajar ni estudiar, solamente dedicarse a su familia, el rol social de la mujer fue limitado, cumpliendo funciones únicamente de madre y esposa.

 

Hoy en día y poco a poco las mujeres han comenzado a ocupar roles sociales más relevantes que les permiten desenvolverse en distintos ámbitos; siguen siendo madre y esposa, pero también profesionales, deportistas, políticas, empresarias y más.

Esto se logró gracias al feminismo, una corriente ideológica que lucha por la igualdad de géneros, para que tanto los hombres como mujeres tengan las mismas oportunidades.

En los últimos 10 años la fuerza laboral femenina en el sector formal ha incrementado marginalmente, sí marginalmente, pues datos del Instituto Mexicano del Seguro Social indican que los empleos formales ocupados por mujeres representaron apenas 36.6% de las plazas formales totales.

Al cierre del año 2018, hay 6 millones 869,183 puestos de trabajo ocupados por mujeres; mientras que un año antes el número de empleos reportados fue de 6 millones 534,148; es decir, un incremento de 5.1% en un año; pese a ello, la cifra se mantiene por debajo de la participación, incluso del empleo, según lo que reporta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Por lo anterior, a pesar del incremento continua lamentable que no todas las oportunidades de empleo beneficien a las mujeres, los esquemas laborales siguen siendo muy rígidos.

La mujer de los tiempos modernos busca su libertad, pero cada día parece ser encerrada en un círculo inmerso de agresiones, violencia y rechazo laboral. Males que existen, pero son tan cotidianos que incluso son dejados de lado.

Aunque más mujeres trabajan, la desigualdad laboral continua, es preciso pugnar por estrategias eficaces para reducir las brechas de género, los espacios políticos, profesionales y sociales, donde además sean incluidas medidas para ayudar a conciliar el trabajo con familia.

La mujer en los tiempos modernos, ya no busca casarse, solo quiere hacer lo que le gusta, quiere superarse y ser tomada en cuenta para grandes labores en la sociedad. Lamentablemente aún en nuestros días muchas mujeres siguen siendo obligadas, limitadas y violentadas.

A pesar de que consideramos superado el tópico de que la mujer es la encargada del mantenimiento del hogar y del cuidado de los niños, las estadísticas insisten en que esta situación permanece.

La distancia entre la participación laboral de hombres y mujeres con hijos está por encima del 20% a favor de ellos. Una situación que no cambia con el paso de los años, ya que la maternidad supone una desconexión con el mundo del trabajo, una diferencia que desaparece si hablamos de mujeres y hombres sin hijos.

Según los datos de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), las mujeres dedican unas 2,5 horas diarias más a las tareas de casa que los hombres, mientras que ellos tienen 1,5 horas más para su profesión y aún otra hora a su favor para dedicarla al ocio.

La mujer moderna sigue defendiendo su papel, busca desempeñarse en actividades nunca antes vistas, en contra de los apegos, de los prejuicios, como el que apunta que el hombre puede desarrollar mejor sus responsabilidades, la mujer moderna no parará hasta alcanzar lo que quiere, es una lucha constante de independencia, con fe en la seguridad para poder decidir sobre su propio cuerpo, poner un alto a la violencia y con el fin de lograr ejercer funciones principales en el mundo.

La mujer moderna está cansada de un mundo de discrepancias, busca justicia, soluciones, busca igualdad.