¿Te salió “muñeco” en la rosca?


La antigüedad de este platillo explica su arraigo en nuestro gusto y dieta. Antes, por la diversidad de ingredientes y formas de preparación, se elaboraban para su consumo diario; sin embargo, hoy la dinámica los ha marginado sólo para determinados festejos, como el Día de la Candelaria.

La palabra “tamal” proviene del náhuatl tamalli, que significa “envuelto”. Por tanto, puede ser definido como un platillo de vieja raigambre mesoamericana, cuya característica principal es que está envuelto en una hoja.

Se han consumido desde hace años en esta zona del continente, pero su creación es muy antigua y se ignora a quién o a quiénes se debe; así pues, resulta erróneo decir que surgieron con los aztecas o los mayas, pueblos más recientes.

Datos arqueológicos apuntan hacia un origen mucho más antiguo, incluso precedieron a las tortillas y se tiene la certeza de que su preparación se remonta a unos mil años antes de nuestra era.

Representaciones plásticas de los tamales se han hallado en figurillas y piezas de cerámica, en pinturas murales y en otros soportes que datan del año 900 d.C.

Hay que recordar que el ingrediente principal de los tamales es el maíz y que por esa razón están ligados a su domesticación.

La materia prima básica (el maíz), se puede mezclar o rellenar con otros ingredientes. Una receta popular consiste en revolver la masa con frijoles o rellenarlos con guisos que llevan esa leguminosa. Se caracterizan también por su diversidad y capacidad para contener nuevos ingredientes.

Guadalupe Pérez San Vicente, junto a José N. Iturriaga, son de los mayores estudiosos de estos platillos, y ha encontrado unos 370 tipos. Según estos autores, es posible hallarlos salados y dulces; rellenos de carne, verduras, mole y otras salsas; con hierba o frutas; los de elote tierno; los de sabor neutro, que se utilizan para acompañar moles u otros platillos; los “encueraditos”, que no tienen envoltorio y se fríen en un comal; los de cazuela; los budines o tamales desmenuzados; los mixiotes; los zacahuiles…”.

Además pueden ser clasificados a partir del tipo de hoja que los envuelve, como los oaxaqueños y los chiapanecos, o a partir de su relleno. Otros tienen como base la masa de harina de arroz o de amaranto.

Aunque aún quedan muchas interrogantes que podrían despejarse con estudios arqueológicos, etnológicos y culinarios.

Por: Redacción QuiéneSon.

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