“¡Oh! Y ahora, ¿quién podrá rescatarnos?”


Luego de que Agustín Carstens anunciara que en julio del próximo año dejaría el Banco de México, -la institución encargada de mantener a raya a la inflación en el país- para encabezar el Banco de Pagos Internacionales (BIS), en Suiza, una organización conocida como el “banco central de los bancos centrales”, comenzaron a barajarse distintos nombres para buscar su reemplazo en la gubernatura de Banxico.

¿Por qué se va Carstens? El BIS no recibe solicitudes para aspirar al cargo. Lo que existe es un Comité de Nominación integrado por los llamados “siete sabios monetarios”, presidido por Weidmann, quien es el gobernador del Banco Central de Alemania, y al que pertenecen Mark Carney, del Banco de Inglaterra; Mario Draghi, del Banco Central Europeo; Haruhiko Kuroda, del Banco de Japón; François Villeroy de Galhau, del Banco de Francia; Ignazio Visco, del Banco de Italia, y Janet Yellen, de la Reserva Federal de los Estados Unidos.

Lo que hacen es un sondeo en el mundo y una vez que llegan a un acuerdo, lo proponen al Consejo de Administración. Weidmann habló con Carstens para informarle que lo habían escogido y que sólo tenía dos opciones inmediatas: aceptar o rechazar la designación. Ante lo cual, uno de los prospectos, Alejandro Díaz de León, podría convertirse en el nuevo gobernador del Banco de México.

Cabe recordar que el presidente propuso en noviembre al Senado a Alejandro Díaz de León como miembro de la Junta de Gobierno de Banxico, en sustitución del subgobernador Manuel Sánchez, cuyo periodo concluye el 31 de diciembre, y lo ratificó entonces sin problema, por lo que es uno de los candidatos más fuertes para ocupar el cargo que deja Carstens.

Se comenta que la designación de Díaz de León fue a instancias de Luis Videgaray, quien lo llevó a trabajar con él a la Secretaría de Hacienda como director de la Unidad de Crédito Público y más adelante lo nombró en el Banco Mexicano de Comercio Exterior.

De materializarse este proyecto -impulsado por José Antonio Meade- secretario de Hacienda, el Banco de México se convertiría de facto en otra subsecretaría de la SHCP. Sólo habría algo peor: Que Videgaray fuera la carta del presidente para Banxico. Sin embargo, Alejandro Díaz de León ha hecho toda su carrera bajo la tutela de Carstens, por lo que además del empuje federal estaría contando con el beneplácito del saliente titular de Banxico.

Aunque ha tenido un perfil discreto, y es poco afecto a aparecer en medios o dar entrevistas, Díaz de León puede presumir haber recorrido todo lo que un gobernador del Banxico debería saber. También sabe lo que es trabajar con diferentes administraciones federales y lo que representan las transiciones.

A partir de 1991, de León trabajó en el Banco de México, en la Dirección General de Operaciones de Banca Central y en la Dirección General de Investigación Económica. Conoció entonces la anterior estructura legal del banco central y lo que significó la transición a la autonomía en 1994.

Desde diciembre de 2000 se desempeñó como Director de Análisis Macroeconómico y a partir de julio de 2006 como Director de Estudios Económicos. Tiempos con Guillermo Ortiz al frente del Banxico y el primer gobierno panista de la alternancia.

A finales de 2007, Díaz de León tuvo la encomienda de ser el Director General Fondo Nacional de Pensiones de los Trabajadores del Servicio del Estado (PENSIONISSSTE). Un área por demás relevante: el manejo de los ahorros para el retiro, una de las grandes asignaturas económico-financieras del país y que al paso de los años será prioritario resolver.

Llegado el sexenio actual, fue nombrado como titular de la Unidad de Crédito Público en la Secretaría de Hacienda, a cargo de Luis Videgaray. Donde comenzó a establecer cercanía con el actual gobierno, que se acrecentó cuando en noviembre de 2015 fue designado como director del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), la tercera institución más importante de la banca de desarrollo en el país.

Por lo pronto Díaz de León llegará como subgobernador a Banxico el primer día de 2017, luego de haber sido ratificado con 81 votos en el Senado, lo que también le genera un antecedente de amplias simpatías en dicha cámara.

Carstens será recordado como la voz crítica de la política económica peñista y un referente, aunque irritara la piel hacendaria, sobre los desvíos o equívocos de su conducción. Un amplio texto publicado sobre él en la revista America’s Quarterly en julio pasado, señaló: “Este hombre es brillante. Entonces, ¿por qué la economía [mexicana] no crece más rápido?”. La respuesta del mismo autor, Brian Winter, experimentado excorresponsal en México, fue: “Porque pese a funcionarios talentosos como Agustín Carstens, desafíos como (la falta) de un Estado de derecho, continúan frenando a México”.

En medio de todas estas truculencias se encuentra un país devastado económicamente y con un futuro sombrío para los próximos años: Inflación más alta, nulo crecimiento, altas tasas de interés y un peso más débil ante el dólar y el euro.

[hr style=”striped”]

Con información de: Nación321 / Político.mx / Proceso.com