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SONOGRAMA: De la temporada de festivales y conciertos o “no hay boom que dure cien años, ni cartera que los aguante”.

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José Antonio Martínez Ramírez “El H”

Aún recuerdo como hasta hace algunos años la agenda de conciertos, obras de teatro y espectáculos en general en nuestro país era bastante pobre, pasaba un rato —a veces años— para que se anunciaran eventos con agrupaciones de renombre, tanto nacionales como internacionales.

Es por ello que resultaba emocionante, y hasta excepcional la aparición de carteles o publicaciones anunciando los conciertos de bandas como The Rolling Stones, Roger Waters, The Cure (que tardó, más de 20 años para presentarse en la Ciudad de México), Depeche Mode, Sepultura, Morrissey, Caifanes y en general, todos esos que formaban parte del mainstream y que ansiábamos ver en vivo; tarea nada fácil, pues aunque se ahorraba para comprar un boleto, estos se agotaban en un dos por tres, por eso quien lograba tal hazaña se convertía en motivo de envidia o admiración de quienes le rodeaban.

Con el paso de los años y una vez que los empresarios se dieron cuenta de lo rentable que resultaba organizar este tipo de espectáculos, las compañías promotoras y organizadoras se multiplicaron y gracias a la consecuente competencia, las carteleras empezaron a llenarse, e incluso saturarse de anuncios que advertían sobre la llegada de las leyendas o los grupos del momento; por fin estábamos a la par del primer mundo en ese sentido.

Las cosas parecían cambiar para el consumidor, sin embargo no es así y la historia se repite: hay que guardar hasta el último centavo, privarse de muchas cosas, a veces las más necesarias y ser paciente para asistir a ese concierto, puesta en escena o show que ansiamos.

No pasó mucho para que cayéramos en la cuenta de que, era demasiado bello para ser verdad, pues contrario a las leyes de la economía, el costo de las entradas no disminuyó en proporción a la oferta, además de que la situación económica por la que atravesamos desde hace varios años no es la mejor y entonces nos topamos con la triste realidad: a pesar de tener eventos, no contamos con la solvencia económica para costear el acceso a todos ellos y de nuevo hay que escoger entre tantos y por ende, quedarse con las ganas de muchos otros.

Quizá al principio de este boom, se buscaba la manera de adquirir entradas, aunque esto significara deshacerse de objetos preciados o bien llevarlos –-como decían los abuelos— de cacería al Monte (de Piedad), situación que terminó por ser insostenible y que desde mi perspectiva, ha dado también al traste con las escenas locales que se enfrentan a la imposibilidad de competir con los “monstruos” a los que todos quieren ver y por los que sí se paga sin pensar.

Habría que preguntarse ¿cuánto puede durar una situación así? Creo que no mucho y esto puede significar una nueva oportunidad para desarrollar proyectos que llenen la necesidad que la industria ha creado y a partir del trabajo arduo, hacer voltear a los empresarios hacia lo local y con ello, granjearse un lugar en los circuitos nacionales e internacionales, además de un lugar en esos grandes carteles a los que todos quisieramos asistir.

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Sonograma: De la exigencia, la crítica y la falta de acción

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Exigir y criticar son, además de inherentes a la naturaleza humana, acciones a las que todos tenemos derecho, pero que también acarrean responsabilidades que muchas veces no estamos dispuestos a asumir. Para exigir y criticar se debe tener conocimiento de causa y argumentos que sustenten aquello que se pide o ante lo que se manifiesta inconformidad.

A pesar de que así pueda parecer queridos lectores, la colaboración de hoy no será una discusión ética, sino  una reflexión sobre la falta de compromiso –de la que la mayoría hemos pecado- cuando opinamos sobre un tema o demandamos se satisfaga las necesidades que consideramos apremiantes.

Si bien es cierto, se ha vuelto común y hasta cotidiano leer  en medios de comunicación o en redes sociales, expresiones de desacuerdo o desagrado sobre los temas de la agenda política, también lo es que el campo de la  cultura o lo “cultural” no escapan a dicha situación y es que todos en algún momento nos hemos quejado –no sin razón- de la falta de propuestas y espacios para el desarrollo de la actividad cultural y artística, muchas veces sin antes habernos tomado la molestia de corroborar si dicha aseveración es totalmente cierta.

Recuerdo como, cuando rondaba por ahí de los 18 años, junto con algunos amigos creamos un colectivo “anarco punk” y nos dedicábamos a reclamar porque, como dice la canción de Sex Pistols, pensábamos que no había futuro debido a que no encontrábamos (o no queríamos encontrar) algún lugar donde explayarnos y desbordar nuestras capacidades creadoras y si bien había parte de cierto en nuestros argumentos, también lo es que no buscábamos.

Y es que a pesar de que (con todo y sus carencias) existen programas, eventos, cursos y lugares que ofertan o facilitan el acceso a la cultura y la preparación en alguna rama del arte, el chiste es emitir juicios que nos hagan parecer subversivos, o simple y sencillamente hacer más evidentes las carencias que las virtudes de esos esfuerzos que deberían ser aprovechados, con lo que se genera el círculo vicioso en el que los usuarios no se acercan bajo la idea de que son insuficientes y las instancias que los desarrollan, no los mejoran y hasta los eliminan, pues al parecer a nadie le interesan.

Ejemplos de lo anterior hay muchos, desde las escuelas establecidas por particulares, hasta los foros creados por las dependencias gubernamentales, como la recién inaugurada Cineteca Mexiquense; foro que era ya no solo necesario, sino urgente en nuestro Estado y más específicamente en el Valle de Toluca y de que tanto se ha renegado y al que hemos vilipendiado basados en la banalidad.

Contar con un recinto dedicado al buen cine y que permitiera el acceso a las producciones fílmicas de calidad y que si bien es cierto, se construyó y equipó (que cabe mencionar es tecnología de punta) con recursos provenientes de los impuestos que todos pagamos, pudo no haber existido, pues el presupuesto asignado para su construcción bien podría haber terminado en algo más.

Mucho se habló de su poco estética estructura (una apreciación basada en el gusto personal) y hasta se aseveró, de nuevo a partir de la especulación; que no contaba con lo necesario, que tendría problemas de estructura, o bien que acabaría siendo un elefante blanco  que por su lejanía con los centros urbanos, no lograría convocar asistentes.

Pero nadie o casi nadie habló de que se optó por ofrecer acceso sin costo a todas las funciones, lo que le ha permitido cumplir con su –desde mi punto de vista- más grande cometido: propiciar que quienes normalmente no tienen acceso, por falta de recursos, a las salas cinematográficas, y menos aún, al cine de calidad, logren hacerlo.

En fin, como decíamos anteriormente, el chiste es juzgar desde una postura destructiva, todo aquello que se haga, a pesar de que, como en el caso de la mencionada cinemateca, los proyectos desarrollados, lleguen a buen término y cumplan con su labor.

Habría que repensar sobre nuestro actuar y entender que si bien criticar y exigir son un derecho, también acarrean la responsabilidad de hacerlo de manera informada y más aún, de actuar y proponer, no solo se trata de rechazar, también hay que plantear alternativas reales a eso que nos parece no ser lo adecuado.

José Antonio Martínez Ramírez “El H”

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Sonograma: Del festival Rock al Parque, los intercambios festivaleros y los desatinos de la radio pública

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Después de un largo tiempo sin andar por estos lares y tras haber pasado varios días en Colombia, la escena festivalera me ha dado “carnita”, o debería decir “ensalada” (en mis afanes veganos) para hablar de uno de los eventos más importantes para el rock en Latinoamérica, y es que Rock al Parque, se ha convertido en 24 años, en el referente principal cuando se habla de este género en nuestro continente y en el mundo entero.

Como cada año, el excelente trabajo de Chucky García, curador de altos vuelos y con una capacidad intelectual sorprendente, además del conocimiento sobre la escena rockera y creo, musical en general; es un banquete que se disfruta de principio a fin.

Tres días bastan para tener un panorama general sobre lo que hoy día dicta los modelos a seguir, en lo que a rock respecta, en todas sus vertientes, desde el sábado, que es el día dedicado al metal, uno puede ver lo que se avecina: una avalancha de excelentes proyectos tanto de la escena colombiana, como de otras latitudes del planeta; desde los nombres poco conocidos, hasta los head liners de los principales festivales, cada uno expone lo que sabe hacer y demuestra por qué forman parte de un cartel como el de Rock al Parque.

Algo que cabe destacar de este festival, y que se ha replicado en otros, como en el caso de Quimera, en Metepec; es que existe una convocatoria para agrupaciones de Bogotá y el resto de Colombia, a través de la cual y por medio de showcases, el talento local tiene garantizada su presencia y la posibilidad de entrar en contacto con los programadores de los principales foros en Latinoamérica, lo que ha sido un gran acierto del Instituto Distrital de Artes de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Además de lo anterior y por si esto fuera poco, la reunión de tres días, permite a dichos programadores, establecer contacto, intercambiar saberes y hasta elucubrar la creación de una red de festivales que trabaje de manera conjunta en pro de la escena y los circuitos de cada una de sus naciones, así, Grito Fest de Costa Rica, Altavoz de Medellín, MUPA de Panamá, Galeras Rock y Rockarnaval de Pasto, Rock por la Vida de Guadalajara, Hell and Heaven y Force Fest de Ciudad de México, el conjunto de Festivales al Parque, así como Escenario Móvil de Bogotá y el Festival Internacional de Arte y Cultura, Quimera, de Metepec, acompañados también por Discos Intolerancia, fraguan lo que, si bien ya se ha intentado no ha sido completamente exitoso, puede ser el futuro de la escena festivalera: la internacionalización del talento local y el intercambio que permita el acceso a una cultura musical que verdaderamente pueda llamarse internacional.

Por otro lado y ya más en el orden de lo local, por si fuera poco lo que Radio Mexiquense, o mejor dicho sus “directivos” han hecho para perder adeptos, en días pasados decidieron “por error” prohibir el acceso a quien podría considerar, sin temor a equivocarme, es la cara y es más importante que la institución misma: Juan Manuel Corona Ornelas, quien además de ser un gran amigo, es al que debemos gran parte de los recuerdos gratos de nuestra infancia y adolescencia, alguien que por 34 años ha nutrido la escena musical infantil y ha convertido en estrellas de dicho circuito a una buena cantidad de agrupaciones.

A pesar de lo deleznable y poco agradable de la situación, algo bueno salió de ello, la unión de los oyentes, para exigir el regreso de contenidos de calidad y la permanencia de los que la tienen, a esa que fue escuela y hogar para muchos de nosotros, así como oasis en el desierto del cuadrante para los radioescuchas ávidos de buenas propuestas.

José Antonio Martínez Ramírez “El H”

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Sonograma: De la gestión cultural o la materialización de las utopías

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Hablar de gestión cultural, puede resultar bastante complicado, empezando porque, a pesar de ser algo cada vez más común y que pareciera estar de moda, poco se sabe sobre el campo de acción de la actividad en cuestión y de lo que un gestor cultural, personaje muchas veces bocabajeado y poco comprendido hace; aún cuando ha sido el que hacer de científicos sociales como los Comunicólogos, Politólogos, Sociólogos y Antropólogos, desde hace una buena cantidad de años.

Por más paradójico que pueda sonar, esa es la realidad; muy de moda, pero poco conocido el trabajo del administrador de los bienes culturales, que en muchos de los casos y luchando contra burocracia y falta de presupuesto, tiene que buscar la manera de materializar lo que pudiera parecer una utopía: hacer rentable la cultura.

Y ahí, una nueva contradicción, y es que creemos que lo “cultural”, se refiere al arte y más específicamente a las expresiones de las ramas artística, que muchas veces pueden llegar a ser elitistas; sin embargo, la cultura es todo aquello que produce el ser humano, tanto material como inmaterial, y por ende, todo es cultura.

Seguramente habrá quien en este punto diga: “entonces hay que ver de todo y proponer de todo en los eventos y en las actividades que los institutos de cultura desarrollan”, algo que también puede ser un error, en todo caso, se deben promover todas las expresiones culturales de calidad, que puedan aportar algo al consumidor y así, enriquecerlo.

En fin, regresando al tema de la gestión, creemos también (equivocadamente) que el gestor cultural es un ser que solo habita los ecosistemas de las instituciones y por ello, solo hay gestión cultural en el gobierno, pero no es así, de hecho, por lo menos en nuestro país, hay una fuerte tendencia de esta actividad, en el campo de la independencia.

Hacer un concierto, organizar un ciclo de cine, crear círculos de lectura, promover presentaciones literarias y hasta llevar agrupaciones dancísticas o musicales a un centro comercial, son gestión cultural, a veces no tan exitosa, porque quienes decimos consumir este tipo de propuestas, nos interesamos poco en aquellas que no incluyen grandes nombres en sus programaciones o bien, que pensamos –sin certeza además- que lo que ahí encontraremos, no va a ser de nuestro agrado.

En mis constantes visitas a Bogotá y Medellín, he quedado asombrado con la cantidad de iniciativas que hay, tanto desde las que Idartes y las alcaldías, además del sector empresarial proponen, Colombia se ha vuelto, al igual que Chile y Argentina –por mencionar algunos- en referentes para la gestión cultural exitosa, pues los públicos a quienes van dirigidas, están ávidos de ellas y lo más importante, asisten y las consumen.

En México nos quejamos y exigimos a instituciones y promotores, que hagan eventos cada vez más grandes y con agrupaciones de mayor renombre, pero no queremos pagar un boleto ni asistir a los eventos y es por eso que las cancelaciones, como lo que pasó recientemente con Os Mutantes en el Foro Independencia de Guadalajara, se están convirtiendo en el pan nuestro de cada día.

El hecho es que por más gestión y gestores culturales que existan, si los espectadores no hacemos lo que nos corresponde –estar presentes- y con ello garantizamos el éxito de una empresa (léase como emprendimiento), en lugar de tener mayores posibilidades y una agenda cultural más amplia, nos quedaremos con menos o condenaremos al fracaso a los esfuerzos de quienes, como ya dijimos al inicio, buscan materializar utopías, aún a costa del bienestar personal.

José Antonio Martínez Ramírez “El H”

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