Desde su nacimiento, el rock ha sido objeto de fuertes críticas y se le ha culpado de la mayor parte de los males que aquejan a la humanidad; se le cuelgan infinidad de “milagritos”, que van desde el consumo desmedido de alcohol y otras drogas entre la población juvenil, los ritos satánicos, los tiroteos que cobran una cantidad sorprendente de vidas en las escuelas norteamericanas, hasta la muerte de adolescentes que ante la aparente falta de oportunidades y la poca atención que reciben en el núcleo familiar, optan por quitarse la vida.

Lo anterior, además de ser parte de los estereotipos y prejuicios que saturan nuestras cabezas, tiene que ver con la parafernalia que rodea al género y que incluye los shows de las agrupaciones que lo practican; si bien es cierto, buena parte de las “estrellas” de esta vertiente musical, se han visto envueltas en escándalos y problemas legales, no es necesariamente porque hagan rock, sino porque el poder y la fama sin control, llevan a los excesos.

Como suele suceder, se habla más de lo negativo que de lo valioso; por ejemplo ¿quién se acuerda de la cantidad estratosférica de conciertos, en los que muchas de las bandas que conforman el line up no cobran un solo centavo y que se llevan a cabo para apoyar alguna causa o bien para protestar contra alguna injusticia? ¿Quién habla de las fundaciones, ONG, asociaciones civiles, becas y fideicomisos que son patrocinados y respaldados por algunos rockstars? La respuesta es fácil: casi nadie.

Tampoco se habla de la cantidad de asistentes que llenan los venues donde bandas de distintas partes del mundo, se unen para transmitir mensajes positivos y hacer sentir a los asistentes, que no se está solo y que a pesar de la cada vez más funesta realidad, aún hay posibilidades de que el rumbo del planeta cambie para bien; tal como sucedió el pasado domingo 11 de marzo, durante el Festival Rock x la vida, que desde hace 12 años, preocupados por el alarmante incremento en el índice de suicidios, busca llevar mensajes de aliento a quienes pasan por momentos difíciles.

Desde las 12:30 del día, las puertas del Parque Agua Azul se abrieron para recibir a quienes habríamos de disfrutar de uno de los mejores eventos en los que he tenido oportunidad de estar.

Cuatro escenarios esperaban el desfile de grupos que desde distintas partes de América y Europa, unirían sus voces para celebrar la vida, a lo largo de una jornada que prometía ser todo un banquete.

Los panameños de la Burrita Cumbión, fueron los encargados de inaugurar la fiesta en el escenario Indio; minutos después, en un espacio dedicado a Colombia, el poder femenino de Sin Pudor, habría de sorprender y dar cátedra de punk, además de traer a la mente a agrupaciones como L7; acto seguido y en la tarima Electrolit, Polyvinil haría lo propio sin defraudar a la concurrencia, para dejar el paso a los norteños de Nunca Jamás en el templete 3Vynil.

La avalancha de bandas y sonidos continuó; Cocalovers, Occidente, Volvmen, Demoniaco Caín, Hop Hop Diablo Funk, Swing Original Monks, Funka, Les Indigents, Vaquero Negro, Los Elefantes, Chimo Psicodélico, se encargarían de sorprender y demostrar que aún hay propuesta y que vale la pena apostar por los “nuevos” talentos.

Entrada la tarde y conforme el final se acercaba, la presencia de nombres conocidos y reconocidos de la escena, se harían presentes; Odio A Botero, Dr. Krapula, La Doble A y Diamante Eléctrico, habrían de ser, con actuaciones espectaculares, la cereza del pastel llamado Escenario Colombia.

La presencia sudaca se impuso en el escenario Indio, con las actuaciones de La Vela Puerca, La Beriso, Las Pastillas Del Abuelo y Los Auténticos Decadentes, que además abarrotaron el lugar desde las 5 pm.

Mientras tanto y con lo que parecía el viento en contra, en el escenario Electrolit,  Akasha, Los Amigos invisibles, Pit Moreno, Cat Fish (propuesta que no hay que perder de vista) y una Lupita renovada y decidida a demostrar porque es parte esencial del rock nacional, saldrían avantes y vencedores.

En el escenario 3Vinyl, donde Ulises Sanher y Alejandro Tavares hicieron de las suyas con la curaduría, lo que además les valió el reconocimiento de celebridades del ámbito periodístico y musical al conjuntar la propuesta de We Are Wolves de Canada, Miss Garrison de Chile y los ya muy queridos en suelo mexicano, Francisco, El Hombre de Brasil; que también habrían de ser el broche de oro que el evento merece y que sin dudad alguna, justifica la existencia de este tipo de festivales, que lejos de protagonismos y afanes mercantilistas, apuestan por la gente, la convivencia y el rock.

José Antonio Martínez Ramírez “El H”