José Antonio Martínez Ramírez “El H”

Hace un par de días me encontré con una publicación en Facebook, que anunciaba la cancelación de un concierto que prometía ser no irrepetible pero sí único en nuestro pueblo; Bad Maners, Desorden Público y Out of Control Army, triada de agrupaciones que se encuentran girando en el circuito internacional, eran el banquete que el día de ayer se ofrecería en el Foro Landó y que tristemente, tuvo que ser suspendido pues, a pesar de la infinidad de halagos para los organizadores, la venta de boletos era bastante pobre.

Pareciera que no entendemos que con elogios no se pagan las cuentas ni se cubren gastos de producción y logística  y aunque los promotores y las bandas quieran arriesgarse y creer que el día del show llegarán las masas enloquecidas a pagar su entrada, (en la mayoría de los casos) no es así y lo único que llegan son pérdidas y decepciones.

No es la primera vez que esto ocurre en Toluca, la situación es añeja y en ciertas temporadas parece el pan de cada día, lo que me hace pensar que si bien el rock no ha muerto, estamos a punto de darle el tiro de gracia.

Hay gente que asume -generalmente aquellos que se quejan de que no hay nada para ver o hacer por acá- que no pasa nada si algo se cancela y que ya habrá otra ocasión y vendrán otras bandas.

Lo anterior, hasta cierto punto es cierto, pero únicamente sucede gracias al esfuerzo de quienes compran su boleto y de los organizadores, que en el afán de que algo ocurra, acaban perdiendo hasta los calcetines.

Pero ¿por qué sucede lo anterior? La única explicación lógica que encuentro, es: porque estamos acostumbrados a que otros se comprometan; exigimos que se apoye a las bandas, que se promueva la escena y se fortalezca el circuito (en este caso del rock) y no movemos ni un dedo, solo nos sentamos a esperar que alguien más lo haga, sin que haya la menor intención de nuestra parte.

Para ejemplo, basta un botón, que es ya cotidiano; las muchas veces que quienes integran algún grupo, invitan a todos sus conocidos y “amigos”, esperando ver el lugar en el que se presentarán lleno de la gente a la que se quiere y que se supone apoya de manera incondicional, para encontrarse con una negativa, sustentada por mil y un pretextos como respuesta, situación que me parece, condena a la extinción a proyectos que son valioso y que pudieron haber sido exitosos.

Así de absurdos somos, es como si siguiéramos creyendo en postulados medievales como el de la generación espontánea y así, por acto de magia, encontrarnos de un día para otro, con carteleras repletas de eventos a pesar de nuestra inasistencia a estos.

Lo único que puedo decir, es que la escena y un circuito no se construyen solos, las bandas no triunfan de milagro, los organizadores, empresarios y propietarios de foros, no son Rockefeller ni se apellidan Slim y ya casi no existen los head hunters que estén buscando proyectos para apoyar.

No hay más, es responsabilidad de quienes consumimos música, danza, teatro o lo que sea, garantizar la permanencia de conciertos, exposiciones y temporadas y esto solo se logra asistiendo e invirtiendo en una entrada, así que como dice mi compa Gustavo Álvarez en su columna “Obtenga 1,000,000 de vistas en Youtube”: menos queja y más acción.