Después de un largo tiempo sin andar por estos lares y tras haber pasado varios días en Colombia, la escena festivalera me ha dado “carnita”, o debería decir “ensalada” (en mis afanes veganos) para hablar de uno de los eventos más importantes para el rock en Latinoamérica, y es que Rock al Parque, se ha convertido en 24 años, en el referente principal cuando se habla de este género en nuestro continente y en el mundo entero.

Como cada año, el excelente trabajo de Chucky García, curador de altos vuelos y con una capacidad intelectual sorprendente, además del conocimiento sobre la escena rockera y creo, musical en general; es un banquete que se disfruta de principio a fin.

Tres días bastan para tener un panorama general sobre lo que hoy día dicta los modelos a seguir, en lo que a rock respecta, en todas sus vertientes, desde el sábado, que es el día dedicado al metal, uno puede ver lo que se avecina: una avalancha de excelentes proyectos tanto de la escena colombiana, como de otras latitudes del planeta; desde los nombres poco conocidos, hasta los head liners de los principales festivales, cada uno expone lo que sabe hacer y demuestra por qué forman parte de un cartel como el de Rock al Parque.

Algo que cabe destacar de este festival, y que se ha replicado en otros, como en el caso de Quimera, en Metepec; es que existe una convocatoria para agrupaciones de Bogotá y el resto de Colombia, a través de la cual y por medio de showcases, el talento local tiene garantizada su presencia y la posibilidad de entrar en contacto con los programadores de los principales foros en Latinoamérica, lo que ha sido un gran acierto del Instituto Distrital de Artes de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Además de lo anterior y por si esto fuera poco, la reunión de tres días, permite a dichos programadores, establecer contacto, intercambiar saberes y hasta elucubrar la creación de una red de festivales que trabaje de manera conjunta en pro de la escena y los circuitos de cada una de sus naciones, así, Grito Fest de Costa Rica, Altavoz de Medellín, MUPA de Panamá, Galeras Rock y Rockarnaval de Pasto, Rock por la Vida de Guadalajara, Hell and Heaven y Force Fest de Ciudad de México, el conjunto de Festivales al Parque, así como Escenario Móvil de Bogotá y el Festival Internacional de Arte y Cultura, Quimera, de Metepec, acompañados también por Discos Intolerancia, fraguan lo que, si bien ya se ha intentado no ha sido completamente exitoso, puede ser el futuro de la escena festivalera: la internacionalización del talento local y el intercambio que permita el acceso a una cultura musical que verdaderamente pueda llamarse internacional.

Por otro lado y ya más en el orden de lo local, por si fuera poco lo que Radio Mexiquense, o mejor dicho sus “directivos” han hecho para perder adeptos, en días pasados decidieron “por error” prohibir el acceso a quien podría considerar, sin temor a equivocarme, es la cara y es más importante que la institución misma: Juan Manuel Corona Ornelas, quien además de ser un gran amigo, es al que debemos gran parte de los recuerdos gratos de nuestra infancia y adolescencia, alguien que por 34 años ha nutrido la escena musical infantil y ha convertido en estrellas de dicho circuito a una buena cantidad de agrupaciones.

A pesar de lo deleznable y poco agradable de la situación, algo bueno salió de ello, la unión de los oyentes, para exigir el regreso de contenidos de calidad y la permanencia de los que la tienen, a esa que fue escuela y hogar para muchos de nosotros, así como oasis en el desierto del cuadrante para los radioescuchas ávidos de buenas propuestas.

José Antonio Martínez Ramírez “El H”