A pesar de que a muchos pueda no gustarnos, la música de banda en nuestro país es un fenómeno social que cuenta con una cantidad importante de seguidores, esto gracias a su carácter popular y a las grandes cantidades de dinero que disqueras, promotores y “mecenas” inyectan a la difusión de la misma.

Es uno de los pocos géneros en los que, a pesar de la cantidad de intérpretes con los que cuenta, la aparición de agrupaciones o cantantes dedicados a esta vertiente se acrecienta constantemente y no solo eso, sino que muchos de estos “nuevos talentos” se posicionan y vuelven exitosos logrando abarrotar los foros en los que se presentan y generan ventas impresionantes con sus producciones discográficas.

Si bien es cierto, mucho de esto se debe al aparato mediático y de mercadotecnia que tienen a su servicio, además de su relación, ya conocida, con el narco (cabe aclarar que no en todos los casos), también tiene que ver con sus orígenes, que son bastante añejos.

Seguramente en este punto, habrá algunos de nuestros lectores que se sientan intrigados, desconcertados y hasta indignados por el tema que hoy traemos a colación; decisión que obedece a una publicación que encontré en Facebook y que, he de ser honesto en principio me pareció intrascendental, pero que al leer los comentarios en  los que se pretendía validar o descalificar al género en cuestión, pero siempre sin argumentos, caí en la cuenta de cómo el desconocimiento y la ignorancia en torno a algo, han sido los  causantes de un sinfín de injusticias y son la base y alimento de la intolerancia.

Muchos de los que escuchamos rock, nos hemos quejado hasta el cansancio de la discriminación y satanización de la que hemos sido objeto, sin embargo; somos los mismos que descalificamos y a veces hasta agredimos, sin conocimiento de causa, a aquellos que no comparten nuestros gustos y que se inclinan por las expresiones populares (el rock también lo es) y que desde nuestra perspectiva, no son más que “productos comerciales”.

Si bien hay algo de razón en lo anterior, pues la mayor parte de lo que se crea con un afán mercantilista es soso y por demás simplón, también es cierto, (algo en lo que no nos hemos detenido a pensar) que existen garbanzos de a libra que, con bases suficientes replantean, en este caso; las sonoridades tradicionales, permitiendo así su permanencia y evitando su extinción.

La situación se repite, al igual que con la llamada música de banda, en todos los géneros musicales y en general en las ramas artísticas y  es que tal parece que hemos hecho de la crítica destructiva, el “argumento” principal para denostar todo aquello que no sea de nuestro agrado, o a todo aquel que no comparta nuestros gustos, creencias u opiniones, y eso nos ha llevado a la descomposición social y cultural en la que vivimos y lo más grave, es que quienes pretendemos opinar o hacer crítica en los medios, incurrimos en el mismo error.

Como informadores o comunicadores, tenemos la responsabilidad de aportar información veraz y bien cimentada, además de evitar las posturas tendenciosas y poco inteligentes.

Alguna vez, mi buen amigo Alex Ganem, me escribió “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir”, frase de Manolo García llena de sabiduría y que viene como anillo al dedo; así pues queridos lectores y amigos, antes de emitir una valoración sobre algo, investiguemos para decir algo que aporte, de lo contrario, aprovechemos la belleza del silencio.

José Antonio Martínez Ramírez “El H”