De la importancia de las bandas sonoras y el papel del musicalizador

19 de enero de 2017

José Antonio Martínez Ramírez “El H”

Desde que se estrenó Justice League (de la que por cierto el OST me pareció bueno y que ayuda a hacer redonda la cinta), estuve tentado a escribir sobre la importancia de los soundtracks en filmes y series y de cómo muchas veces no prestamos atención a la musicalización, cosa por demás importante y que implica un trabajo detallado, arduo y tal vez hasta conflictuante.

Honestamente desconozco en qué momento se dejó de usar solo música incidental y temas de entrada y salida como bandas sonoras, para integrar piezas, ya sea hechas ex profeso o bien las existentes pero exitosas; sin embargo, puedo afirmar que se trató de un gran acierto que, como todo, corre el riesgo de verse sobreutilizado y volverse algo intrascendente; para que eso no suceda, el musicalizador juega un papel muy importante.

Aún recuerdo cómo, con el nacimiento del “nuevo cine mexicano” y la aparición de nombres como el de Lynn Fanchtein en la “selección musical”, muchos soñábamos con encontrar un trabajo “de esos” y devorábamos la mayor cantidad de acetatos, discos y cd’s posible, desde lo más selecto de la música académica, hasta lo más kitsch del pópulo, pues parecía requisito indispensable para desempeñar el papel que parecía ser la nueva mina de oro; hasta que con gran tristeza, nos dimos cuenta que Lynn tenía (junto con un grupo de amigos) copado el mercado y los espacios.

Poco a poco la euforia pasó y la forma de construir las sonoridades que habrían de vestir a los filmes, tomó otro rumbo: los directores, productores y otros tantos que aparecen en los créditos al final y que muy pocos se quedan a revisar (cosa que me parece una total falta de respeto y muestra de ignorancia), entraron en contacto con las agrupaciones del momento y otras desconocidas, para encargar piezas o pagar por los derechos de alguna ya existente y es que ¿quién no se emociona al escuchar All Along the Watchtower o Sweet Home Alabama, aunque estén más que trilladas?

En algún punto, los productores entendieron que la empatía emocional, no solo podría enfatizar lo que se buscaba transmitir, sino que hasta podía hacer memorable un plano secuencia o bien la cinta completa, tanto es así; que muchos seguimos viendo algunos largometrajes, cortos documentales y series, solo por una canción y las escenas a las que viste.

El público, aunque pareciera que no, se ha vuelto exigente en ese sentido y, como dijera la Santanera; los productores lo saben; así, puedo decir que nos hemos topado con cintas como “In the name of father”, “Hell or high water”, “Pride”, “The silence of lambs” y últimamente “Shape of water” (perdón que sea en inglés, pero las traducciones que se han hecho de los títulos me parecen muy malas) y qué decir del papel que han jugado gente como Tarantino y su “Pulp Fiction” o “Reservoir Dogs”; Danny Boyle y “Trainspoting” o Penelope Spheeris y su “Wayne’s World” además de series como “Sons of Anarchy”, “Stranger things”, The Legion” o “The End of the F***ing World” y otras tantas que seguramente tengo que descubrir.

En fin, creo que la música dentro de las pantallas chica y grande por fin tiene el lugar que merece y entender que una no es sin la otra es muy importante, si no es que vital, para poder comprender las intenciones de guionista y director para, entonces sí, emitir una crítica más o menos cimentada y coherente.