Del metal y los festivales en México

24 de noviembre de 2017

José Antonio Martínez Ramírez “El H”

 

 

La historia del Metal (género musical) en nuestro país, no es tan añeja y si bien se puede pensar que nace con los sonidos estridentes de algunas bandas de finales de los sesenta y buena parte de los setenta, como Enigma!, El Ritual o La Cruz; no es sino hasta los primeros años de la década del 80, que se consolida como corriente musical y en la que se notan grupos que hacen claramente eso, Metal.

Hay distintas versiones en cuanto a la banda “padre” o “madre” de la vertiente, pero casi todas recurren en definir a Luzbel o Crystal y Acero como tales, aunque hoy día, los últimos viven en el nicho de la “ópera rock” y de los primeros quedan recuerdos y algunos adeptos que siguen asistiendo a los conciertos, aún a pesar de su transformación en Luzbel, y que pareciera la continuación del proyecto solista de Arturo Huizar.

Posterior a 1983 y de manera vertiginosa, aparecieron una buena cantidad de agrupaciones desde los “glameros”, hasta los más oscuros y que por fin contaban con espacio para desarrollar una propuesta con la que comulgaban ya años atrás; surgieron los nombres como The Mask, Farnux, Fongus, Khafra, Argus, Raxas, Cuero y Metal, Next, Makina o Transmetal (aunque esta lista no contiene la totalidad de nombres de quienes militaron, o militan actualmente en las filas de la música “pesada”) y que propiciaron el crecimiento de la escena.

Así, desde los terrenos baldíos de San Buenaventura o Santa Ana Tlapaltitlán, en Toluca; espacios clandestinos en Neza, Iztapalapa y muchos lugares más del Estado de México y el país, hasta bares y foros especializados en y para conciertos, el género se volvía cada vez más notorio, tanto que hoy día podemos hablar de un número amplio de creadores y escuchas.

De igual forma, aparecieron los festivales dedicados a la “música demoniaca” (más allá de la parafernalia y la letra de algunas agrupaciones, sigo sin entender porque se relaciona al metal con lo maligno) y que han ido también en crecimiento, hay de todos los tamaños y para todos los gustos, están los que se hacen en los venues locales o bien los masivos (que cada vez son más) y que empiezan a llamar y acaparar la atención de mucha gente; Metal Maya, Mexico Metal Fest, Knotfest y el que recientemente habría de anunciar cartel: Hell and Heaven, solo por mencionar algunos.

La historia de la mayor parte de esos festivales grandes es la misma, una marca o una banda detrás del evento; aunque el caso de Hell and Heaven es distinto, un festival que se ideó y ejecutó por un grupo de inversionistas apasionados de la corriente musical (algunos sí integrantes de bandas) pero que sucumbieron ante diversas situaciones y que parecía no se levantarían de eso.

Sin embargo; no fue así, de nuevo se anunciaba H&H y en especial este año, presenta un cartel digno de festivales “gringos” o europeos. Pareciera una reunión de generaciones de metaleros, desde los clásicos como Deep Purple, pasando por Ozzy, Judas Priest, Saxon o Scorpions, sin olvidar a consolidados no tan añejos, como en el caso de Megadeth, hasta cosas nuevas, bandas emergentes y alguno que otro colado (entre ellos la leyenda L7, que si bien suenan “pesado” no son necesariamente metal, pero como ya lo comenté en alguna otra colaboración, de eso se trata la inclusión); el cartel ha ganado elogios y algunas críticas —de los más puristas o los haters—, pero lejos de eso, es cierto que se trata de un evento que acabará siendo histórico y que habrá de marcar pauta en la forma en que se programarán los próximos eventos de este tipo.

Me parece que aunque a uno no le guste el género, valdría la pena darse una vuelta, aunque sea con el afán de poder contar a los nietos “yo vi a Ozzy, Halford, Gillan, Meine, Mustaine, Manson y otros más en un mismo evento”, no sé a ustedes, pero a mí, sí me emociona que este tipo de festivales se lleven a cabo en nuestro México, e insisto: hay que aprovecharlos.