J. Israel Martínez Macedo

El día de ayer se puso en marcha la entrega del programa de Salario Rosa, que surge de una propuesta de campaña generada y puesta en marcha por los consultores Francisco Sarmiento y Ricky Arango con la posibilidad de convertirse en uno de los emblemas de la administración de Alfredo del Mazo Maza, al menos en el comienzo de la misma.

El programa suena lógico en un principio: apoyar a amas de casa que se encuentran en condiciones de pobreza extrema, mujeres entre 18 y 59 años a quienes, además, se les vincularía con otras áreas de apoyo a través del Consejo Estatal de la Mujer y Bienestar Social aunque no se especifica si a todas o solo a quienes lo soliciten.

El tema del uso de tarjetas ha sido un punto controversial tanto en campañas como en apoyos gubernamentales en general; un caso muy sonado ha sido el de la clonación de tarjetas de ayuda a los damnificados por el sismo de septiembre pasado en donde los plásticos fueron entregados en Oaxaca y cuando los usuarios querían utilizar el recurso resultaba que no había dinero en las cuentas porque se habían gastado en otras entidades.

Aunado a ello se cuestiona que se utilice como modelo para evadir la legislación electoral que prohibe la entrega de dinero a los simpatizantes para votar por uno u otro candidato pero que no refiere nada respecto al modelo de las tarjetas, siendo el caso de Monex en la elección presidencial de 2012 cuando más se cuestionó el mecanismo.

Por si no fuera suficiente el manejo de las tarjetas está el tema de los montos: 2 mil 400 pesos al mes , o sea 80 pesos diarios que ni siquiera alcanzan el equivalente del salario mínimo general nacional (88.36 pesos diarios) pero que además terminan siendo, un mecanismo insuficiente para las beneficiarias, ineficiente para atender el problema de la pobreza extrema en la entidad y además muy costoso para el Estado.

Si las matemáticas no mienten, solo para mantener a las 3 mil mujeres que ayer recibieron su tarjeta rosa, el estado gastara 7 millones 200 mil pesos al mes, que en un año significarán un gasto de 86 millones 400 mil pesos; pero resulta que en su primera etapa el Salario Rosa busca alcanzar a 38 mil amas de casa lo que equivale a un gasto de 91 millones 200 mil pesos al mes o sea 1 mil 094 millones 400 mil pesos del presupuesto estatal solo para la fase inicial.

Cuando las cantidades son de ese tamaño la única forma de entenderlas es poniéndolas en contexto: según cifras de licitaciones ya otorgadas en otras entidades, el monto anual del Salario Rosa equivale al costo de construcción del Hospital General Regional de 250 camas de León, Guanajuato y el Hospital General de 120 camas de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, juntos o serviría para la reparación de aproximadamente 707 escuelas que fueron dañadas por el sismo del 19 de septiembre del año pasado (según los montos promedios estimados por la SEP).

Como puede verse el Salario Rosa se convierte en un “Salario Risa” para las beneficiarias dado que el monto es insuficiente para sus gastos familiares, es un programa que por el monto será muy costoso para el gobierno mexiquense pero que además no resolverá el problema de pobreza extrema pues la primera etapa apenas cubrirá 3 por ciento de la población en pobreza extrema que en 2016 ascendía a 1 millón 057 mil habitantes de la entidad, según cifras de Coneval; equivalentes a apenas 0.23 por ciento del total de habitantes del Edomex.

Es un hecho que el enorme gasto que realizará el gobierno mexiquense para mantener el programa del Salario Rosa en todas sus etapas será inmenso y no alcanzará a dar solución a nadie: ni a las beneficiarias, por lo bajo de los montos; ni reducirá los niveles de pobreza extrema de la entidad, dado el mínimo alcance que tiene; y resultará en un gasto exhorbitante de recursos públicos que básicamente lo convierten en un salario de risa.