J. Israel Martínez Macedo

Siendo mexicano no hay forma de no sentir enojo, molestia o al menos indignación al ver que nuestro lábaro patrio ondea de cabeza justo en la ceremonia conmemorativa del Día de la Bandera; evidentemente comenzaron las teorías conspiranóicas respecto a si los soldados están enviando un mensaje de ayuda internacional o si es una forma de protesta contra el gobierno de Peña Nieto; como sea ha sido una falta imperdonable en muchos sentidos.

Cuando comienza el izamiento y aparece el escudo nacional de cabeza nadie en el Campo Marte podía dar crédito a lo que estaba ocurriendo, lo comentarios que se escuchan en los videos que sirvieron para testimoniar el hecho no dejan lugar a dudas; la cara del Presidente cuando todo está ocurriendo deja ver que alguien metió la pata y lo hizo muy profundamente.

Ya hace un año, en la misma fecha, alguien tomo la decisión de colocar una estructura de sonido cerca del sitio del izamiento, como resultado la bandera monumental se atoró en dicho armatoste ocasionando que se rasgara y que en el día de su conmemoración ondeara rasgada.

En dicha ocasión se cuestionó por qué no se detuvo el izamiento para evitar el daño al lázaro patrio, la respuesta fue simple e incluso insulsa: el mecanismo automático del asta no puede detenerse una vez que comienza, es decir, hasta que llega al punto donde será colocada es que el mecanismo puede dar marcha atrás.

Quizás en ese momento nadie pensó que un error de ese tipo volvería a pasar pero, pasó. Ahora, algunas páginas relacionadas con las fuerzas armadas explican que el protocolo es que una vez que han iniciado los honores a la bandera no se debe detener la ceremonia y solo hasta que esta ha terminado se puede corregir el error.

Lo ocurrido este fin de semana es el síntoma de una dolencia que duró todo el sexenio: la falta de atención a los detalles de protocolo terminan por minar la imagen del mandatario. Es increíble que no previeran que en la FIL le preguntarían de libros, que en reuniones internacionales tendría que hablar en inglés o que en determinados momentos era mejor no hacer bromas o chistes.

Peña Nieto llegó a Los Pinos rodeado de “amigos” que se fueron esfumando conforme avanzaron los días en la Presidencia y se acumulaban las pifias; poco a poco el primer mandatario del país fue quedando solo y hoy, mas que nunca, se le aprecia de esta manera.

El error de la bandera recayó totalmente en el Presidente, no hubo una reivindicación por parte de la Presidencia o la Sedena, las redes sociales se le fueron encima a Peña Nieto y nadie salió a cubrir al hombre que recibió todas las críticas.

Al final del sexenio pareciera que en esta administración ya todo el mundo está pensando en cerrar la oficina e irse a su casa; parecen no importar las negociaciones del TLC o el proceso electoral o, básicamente nada, simplemente la administración parece haber renunciado.

Peña Nieto se ve cansado, se ve molesto pero por sobre todo se ve solo, en el peor momento de su administración y en el punto donde el trabajo de todo su sexenio podría perder todo sentido si no se le da la continuidad, lo advertimos hace tiempo y lo volvemos a decir: el Presidente va solo, tanto que ya no hay quien le diga qué tan solo va.