Dice el refrán: No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague” y parece que el plazo para la Legislatura mexiquense ha llegado: tuvieron que pasar 59 versiones anteriores para que por fin, parece, pudiera llegar al Estado de México un Poder Legislativo realmente independiente del Ejecutivo e incluso que funja como un verdadero contrapeso.

A pesar de que el PRI intentó por todos los medios evitar que Morena pudiera alcanzar una mayoría abrumadora para poder tener cierto margen de maniobra, Morena logró defender en tribunales la asignación de diputados de mayoría representativa (los llamados plurinominales) y controlar por completo el quehacer legislativo del estado.

Conocedores de los manejos, usos y costumbres de los mandatarios tricolores al momento de verse obligados a negociar con la oposición, las dirigencias estatal y federal de Morena (ambas de procedencia mexiquense) le leyeron la cartilla a sus diputados respecto a caer en los embelesos de las dádivas procedentes de su vecino de Lerdo y amenazaron con expulsión y casi excomunión so pena de hoguera al que sea sorprendido coqueteando con aquel.

Morena tendrá el control total de una Legislatura que por primera vez en su historia se ve lo suficientemente fuerte no solo para hacer frente al Ejecutivo local sino, incluso, para marcarle las pautas de por dónde deben ir los manejos de recursos por los próximos tres años.

Lo mismo va para el Poder Judicial, que tradicionalmente juega en el equipo del gobernador en turno, siendo permisivos y hasta comparsas uno del otro al momento de necesitarse mutuamente, haciendo y dejando hacer sin que el Legislativo pudiera hacer mucho por impedirlo viéndose obligado, este último, a ceder ante los acuerdos de los dos primeros.

La Cámara local tendrá por primera vez el peso de un Poder completo que pueda, incluso, llamar a cuentas al Judicial para conocer muchos de sus temas que se han quedado en el oscurantismo de la opacidad como es el destino de los pagos de multas en tribunales o las acciones en casos de acusaciones sobre actos de corrupción; un tema que es estandarte de la nueva mayoría.

La del Legislativo mexiquense es una diputación que promete; que esperanza a reescribir las formas de la política en la entidad, que ilusiona en la visión de una verdadera democracia estatal para abrir paso a una nueva y muy distinta forma de hacer las cosas en un territorio que hasta el 1 de julio era de domino tricolor.

La encomienda no es sencilla aunque en la apariencia así se vea: deberán repasar algunas de las últimas iniciativas de sus antecesores y revisar su viabilidad e importancia más allá de los dogmatismos doctrinarios, apasionamientos personales o influencias mediáticas; debe, porque así se espera, primar el bienestar de la sociedad aún si esto implica alguna decisión impopular.

La revisión de la llamada Ley Issemym, por ejemplo, conlleva la necesidad de poner en la balanza el interés superior de la gente ante la supervivencia de un organismo que se ha anquilosado en su vejez y que ante la posibilidad de un rejuvenecimiento que le evite la muerte enfrenta el reto de hacer entender los riesgos de su desaparición que dejaría en la orfandad un sinnúmero de servidores públicos y sus familiares.

De igual manera habrá que revisar el espinoso tema de la Ley de la Uaeméx que entre otras linduras incluye la reelección en el cargo de un rector sobrepagado (gana más que el gobernador) y que escudada en una falsa y acomodaticia autonomía ha incurrido en faltas escandalosas que hasta la fecha siguen impunes y sin indicios de intención alguna de sanción a los responsables (el fraude de la estafa maestra, por ejemplo).

La limpieza de la casa incluye la revisión de otros organismos que han dejado mucho qué desear en su manejo institucional porque han sido usados como herramientas de la promoción personal ya sea a modo de escalón para un futuro puesto o simplemente como estertores de una carrera agonizante que, pese a todo, se niega a morir.

Como se ve, el Legislativo entrante tiene muy poco tiempo para la enorme cantidad de trabajo pendiente que no se limita ni restringe únicamente a sacar leyes exprés, al vapor o en fast track, sino bien pensadas y analizadas anteponiendo siempre el bienestar social; revisando y fiscalizando el buen uso de los recursos públicos y no tolerando comparsa o componendas que afecten a la entidad.

La LX Legislatura local está ante la posibilidad histórica de ser por primera vez un Poder en toda la extensión de la palabra, durante tres años habrá una presidencia de la Junta de Coordinacion Política de oposición al gobernador pero el reto más grande no será el manejo al exterior sino el saber en sí mismo hasta qué altura de miras quiere llegar.

Hoy como nunca antes es posible ver una democracia estatal real, de verdad, en la que ya no haya lugar para simulaciones y en la que sean los ciudadanos el fin último de las decisiones que determinarán el rumbo y el destino de la entidad. Que así sea.

J. Israel Martínez Macedo