#JusticiaParaRosalinda

19 de diciembre de 2017

J. Israel Martínez Macedo

Hay temas que hieren a la sociedad en su conjunto, que calan en lo más profundo y que generan una molestia social que debe ser atendida inmediatamente por la autoridad, el secuestro y posterior asesinato de Rosalinda Esthefanie Morales García es uno de esos.

Quizás por la vulnerabilidad en que se encontró la víctima, tal vez porque a pesar de que se dio cuenta que estaba siendo secuestrada y que pudo avisar a una amiga no hubo manera de encontrarla a tiempo y rescatarla o simplemente porque pudo haber sido, literalmente, cualquiera en cualquier momento; pero este caso nos ha herido como sociedad.

Es imposible imaginar el dolor de los padres y de la familia, pensar en lo que pudieron haber sido los últimos días de Rosalinda con vida, la angustia de los minutos que transcurren sin saber qué estará pasando con ella y, al mismo tiempo, saber que con cada segundo que transcurre se vuelve más difícil llegar a un resultado favorable.

A final de cuentas, la muerte de Rosalinda nos duele a todos porque es un reflejo de nuestras propias vidas, porque estamos vulnerables ante una delincuencia cada vez más sangrienta, más inmisericorde, más vil y, tristemente, cada vez más acoplada a nuestra manera de vivir.

El reclamo social de justicia en las redes es un llamado a las autoridades para dar algo de seguridad, de certeza, de esperanza en que no existirá impunidad, es una oportunidad de responder, más no de redimir, es el último dejo de confianza que podrían recibir antes del descrédito y la decepción absoluta.

El sentimiento de ausencia y abandono por parte de la sociedad respecto de sus autoridades ha crecido en los últimos años y parece no tener final, no solo son ausentes sino también indolentes y es eso lo que más incomoda, la falta de sensibilidad y la indiferencia ante lo que la sociedad vive todos los días es cada vez más intolerable.

Hoy habrá una marcha para exigir justicia para Rosalinda, pero esa justicia es también, en parte, un grito de justicia para la sociedad, un reclamo de soluciones, un último intento por confiar en aquellos en quienes se ha perdido más que la confianza.

Del otro lado la delincuencia sigue en crecimiento, pareciera que cada vez hay más personas pensando que delinquir es la única forma de salir adelante, ignorando sus propios valores si es que alguna vez los tuvieron y pensando solo en la manera de apropiarse de cosas que no se han ganado y que por tanto no merecen, sin importar la vida de quienes son sus víctimas.

Encontrar a los secuestradores y asesinos de Rosalinda no le devolverá la vida pero sí nos traerá un poco de paz, una sensación de que la justicia existe y que está a nuestro alcance; nos permitirá creer que a pesar de todo hay esperanza en algún lugar, en algún momento, aunque sea después de la muerte.

Está en manos de las autoridades resolver el asunto y encontrar a los verdaderos responsables de este doloroso crimen que nos ha herido como sociedad en lo más profundo y que ha lacerado los principios más fundamentales de la confianza, sin amenazas ni cortapisas es un reclamo honesto de justicia, para Rosalinda y para todos nosotros.