En el Edoméx todos estamos en riesgo

21 de noviembre de 2017

J. Israel Martínez Macedo

 

 

Justo cuando el gobierno del Estado de México intentaba construir una imagen un poco más favorable respecto al delicado tema de la inseguridad en la entidad, un par de solitarios asaltantes mataron a Adolfo Lagos Espinosa, vicepresidente de Telecomunicaciones para Televisa cuando viajaba en bicicleta y acompañado de no uno sino dos escoltas que nada pudieron hacer para evitar la tragedia.

En todo el país las historias de este tipo se acumulan por cientos, personas que sin deberla ni temerla son víctimas mortales de una delincuencia cada vez más sangrienta y conformista que lo mismo busca una bicicleta que asalta un joyería en uno de los centros comerciales más populares del país y con más visitantes.

Claro que el asesinato de un alto ejecutivo de una de las principales empresas de medios de comunicacion y telecomunicación en un intento de robo siempre va a llamar la atención pero lo triste es que son cosas cada vez más recurrentes en casos donde las víctimas no tienen un perfil particular y cuya única coincidencia es estar en un mal lugar en un pésimo momento.

El fiscal del Estado de México, Alejandro Gómez, salió a los medios para contar la única versión que tienen hasta el momento: se trató del intento de robo de la bicicleta en la que viajaba Lagos Espinosa y un acompañante del que no se ha revelado su identidad, un caso del que hay muchos cabos sueltos y detalles no informados que dan pie al famosísimo “sospechosismo” al que ya nos estamos acostumbrando.

Suponiendo sin conceder que la línea de investigación se confirme y que efectivamente se haya tratado de un homicidio en un intento de asalto, la situación es peor de lo que podría parecer porque entonces si un hombre que cuenta con una escolta profesional de dos integrantes, no puede eludir a un par de asaltantes comunes e incluso es víctima mortal de estos ¿qué nos puede esperar a quienes no contamos con esa protección?

No solo eso, aquellos que gastan parte de sus ingresos en la contratación de servicios de vigilancia y seguridad tampoco tienen garantizado que no serán víctimas de la delincuencia e incluso corren el riesgo de ser asesinados en el intento de defenderse o ser defendidos.

Lo dicho: hay muchos detalles que posiblemente por motivos de la investigación no pueden ser revelados pero que es necesario conocer para darle un poco más de credibilidad a la historia como ¿a qué distancia vendrían los escoltas como para que los asaltantes se animaran a atacar a los dos ciclistas? Porque deberán ser ladrones o muy idiotas o muy osados al intentar el robo a dos ciclistas acompañados por una escolta.

En este mismo tenor ¿cuánto tiempo tuvo que pasar como para darle oportunidad a los delincuentes de salir de los matorrales, amenazar a los ciclistas, intentar quitarles las bicicletas, forcejear con ellos y que hasta entonces intervinieran los escoltas sin poder evitar, además que los agresores accionaran su arma de fuego?

En fin, preguntas que van y vienen pero que hasta el momento nos dejan una insoslayable verdad: en el Estado de México, con custodios o sin ellos, ya nadie está exento de ser víctima de la delincuencia y más aún de morir a manos de criminales comunes (ya no digamos los organizados) por un simple asalto a mano armada… al menos eso es lo que la primera versión de este lamentable hecho nos significa.