Golpe mortal a la Fepade

17 de noviembre de 2017

J. Israel Martínez Macedo

 

 

Cuando uno piensa que este país ha dado todo lo que tenía que dar en materia de surrealismo, llega la Cámara de Senadores y dice “aún hay mas” y es que los legisladores decidieron poner en la convocatoria para el titular de la Fepade que puede ser un militante partidista o incluso algún excandidato.

Para entender la relevancia de lo que esto implica: imaginemos que se va a jugar el clásico entre Chivas y América pero no hay árbitro del partido que esté revisando que se cumplan las reglas así que los dueños de los equipos abren una convocatoria y deciden que en la misma pueden participar exjugadores de sus propios equipos, imaginen a un Cuauhtémoc Blanco o a un Ramón Morales arbitrando un juego así.

Con este ejemplo podemos ver el enorme absurdo que representa la convocatoria para seleccionar al titular de la Fepade, resulta que la persona encargada de vigilar que los partidos cumplan puede ser un integrante de esos mismos partidos, a todas luces un enorme conflicto de intereses desde la postulación.

El debate ha sido diverso, desde la payasada populista del PT de que la convocatoria debía indicar que para el puesto forzosamente tenía que tratarse de una mujer y negando el derecho de participación a cualquiera que fuera hombre hasta la propuesta del PRI que terminó por avalarse y que hace desconfiar para pensar que se trata de una convocatoria a modo para alguien que ya ha sido elegido de antemano.

No se entiende por ningún lado que en un momento donde la sociedad está buscando luchar contra la corrupción en el país se haya lanzado una convocatoria que incluye un evidente conflicto de intereses de origen y que lo que parece promover ahora es una competencia en la que cada partido lanzará sus propuestas para intentar hacerse de esta posición.

Siendo honestos, no es que esto no pasara anteriormente, en las consejerías del INE siempre se habla de los consejeros de tal o cual partido en función de que fueron propuestos por ellos aunque no hayan tenido una militancia o que hayan hecho públicas sus tendencias partidistas, digamos que se mantienen sin filiación política declarada aunque eso no significa que sean totalmente imparciales.

Lo llamativo aquí es el modo burdo y grosero con el cual se abre la puerta a que la persona que tendrá a su cargo ser investigador de presuntos actos ilegales de los partidos pueda pertenecer a ellos ¿podremos confiar en sus resoluciones cuando absuelva al partido que pertenece? ¿Podrá absolver a su partido cuando no haya evidencia para acusarlo sin que se cuestione su actuar? Seguramente no.

El resultado inequívoco será el aumento en el descrédito de la institución que, hasta el momento, había dado muy buenos resultados (los dos exgobernadores Duarte —Javier y César— cayeron por una investigación de la Fepade no por los desvíos millonarios al erario).

Así las cosas, los senadores han demostrado que el interés al que sirven no es al de la nación sino al de sus amos los partidos, que por encima del bienestar de las instituciones están sus ambiciones de poder y que debemos recordar esos nombres que ayer votaron por acabar con la credibilidad de una institución que sí estaba haciendo aquello por lo que fue creada porque seguramente varios de esos senadores nos pedirán nuestro voto el año que viene… no olvidar, es lo que nos corresponde a nosotros.