Megalomanías


Escuelas cerradas, microeconomías en riesgo


11 de septiembre de 2017

J. Israel Martínez Macedo

El anuncio suena espectacular: 2 millones de alumnos han regresado a clases a casi un mes del sismo que paralizara las actividades en el centro del país, esto equivale a 52 por ciento de ellos; pero en estricto sentido, esto significa que la mitad de los estudiantes del Estado de México aún no está en las aulas y esto representa un duro golpe a muchas microeconomías que dependen de la actividad escolar.

Hace 32 años, cuando ocurrió el sismo de 1985, algunos sitios con capacidad, como salones de fiestas, fueron rentados para poder albergar en ellos algunos grupos de niños y que estos continuaran con sus estudios sin mayor problema mientras la ciudad se recuperaba; en 2017, con mucha mayor tecnología y capacidad, simplemente el sistema educativo está paralizado.

En muchas escuelas de la entidad los padres de familia exigen saber hasta cuándo las puertas estarán cerradas, muchas de estas instituciones ya cuentan con los documentos de revisión que acreditan la seguridad de sus instalaciones para el reinicio de actividades pero no abren porque aún no aparecen en la lista de la Secretaría de Educación, para ellos el problema es simple y absurdo.

Si bien el tema educativo terminará zanjándose con clases en fin de semana (váyanse olvidando de actividades familiares y sociales por un buen rato), de fondo hay un tema económico muy importante en múltiples sentidos, el primero de ellos: una gran cantidad de negocios alrededor de estas instituciones que definitivamente han visto mermadas sus ganancias por la inoperancia de las escuelas.

Alrededor de estos centros de enseñanza se ubican papelerías, tiendas de abarrotes (que principalmente venden dulces), algunas fondas y hasta los ambulantes de ocasión que cada tarde esperan con ansia la salida de los niños para desarrollar actividades que evitan el estancamiento económico y procuran recursos para muchas familias.

En segundo lugar, los padres de familia se las están viendo negras para encontrar dónde y con quién dejar a sus hijos mientras ellos tienen que ir a trabajar. Los días económicos se han agotado y no hay fecha para cuándo esta situación termine; en el menor de los casos, algunas oficinas han permitido que sus empleados lleven a sus hijos a trabajar, pero lo que sonaba como una buena idea está impactando en la productividad colectiva de las empresas.

La pregunta entonces radica en ¿cuál es la razón de no permitir el acceso a los estudiantes a las aulas si estas ya fueron revisadas y se sabe que solo 464 de ellas (suponemos que también ya se sabe cuáles) registran daños graves? ¿Por qué no abrir las demás? ¿Será que todo radica en lograr la declaratoria de desastre en toda la entidad y acceder a mayores recursos del Fonden? Una opción triste pero posible.

Cual sea el motivo, la lentitud de las autoridades educativas está costándole dinero a la gente, se están perdiendo empleos, comienza a haber manifestaciones fuera de las escuelas que siguen cerradas a pesar de contar con dictámenes de Protección Civil o el IMIFE, vendrá en cascada una perdida que impactará los sitios turísticos cuando no haya posibilidad de visitarlos porque los niños recuperan horas clase y, para rematar, faltan los gastos de fin de año.

Las clases deben reiniciarse ya. La economía mexiquense va a sufrir innecesariamente a mediano plazo, se perderán empleos, se cerrarán negocios y el impacto del sismo será aún más demoledor al alargarlo por tanto tiempo, si las escuelas son seguras y se cuenta con los dictámenes que lo acreditan que se abran, con lista o sin ella.

log in

reset password

Back to
log in
Síguenos