¿Altruismo o catapulta política?


Por: María del Carmen Aguilar Franco

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…Nuevas y “altruistas” asociaciones surgirán en los siguientes meses, varias ya registradas y “adormiladas” se reactivaran mágicamente en varios municipios, donde veremos varias trincheras disfrazadas para anunciar la conformación de una Asociación Civil “apartidista”.

El esquema es muy similar al conformase las estructuras de estas nuevas A.C. Por lo regular rinden protesta ante algún funcionario municipal o político “destacado”, (regidor, diputado, alcaldes) y les ponen nombres rimbombantes, incluso con tintes internacionales como “Grupo Panamericano de tal o cual”.

Quienes desempolvan agrupaciones supuestamente de estructura nacional, “reviven” y anuncian acciones, nombran nuevos representantes y desarrollan proyectos de atención a la población más vulnerable, como la Fundación Cultural Isidro Fabela Alfaro A.C., creada en el 2011, con muy  poca actividad a nivel nacional, pero que ha buscado proyectarse un poco aquí en la entidad mexiquense desde el pasado proceso electoral.

No demora mucho tiempo ver cómo muchas más agrupaciones harán lo mismo, y enfilan sus pasos y acciones hacia el Estado de México, para empezar a “trabajar” a favor de los grupos y sectores más necesitados.

¿Coincidencia?, ¿Qué ley puede evitar a las Asociaciones Civiles actuar con evidente meta partidista?, ¿podría tipificarse como desvío de recursos?, si se analiza el modo de trabajo, la mayoría de estas agrupaciones con clara tendencia partidista, recibe mucho más fácil y rápidamente sus registros, contrario a las conformadas por otro tipo de grupos alejados realmente de los partidos o grupos políticos.

Quizás por no tener aún los suficientes límites, en el Estado de México la creación de Asociaciones Civiles esta actualmente a la alza,  y siguen la tendencia histórica de agruparse con afanes clientelares o corporativos, mediante un registro de A.C., Fundación, ONG, o cualquier otra fórmula organizativa para poder obtener recursos de gobierno o donativos diversos.

Ante el evidente propósito, no se observan límites para que un político de cualquier nivel forme su propia A.C. y logre así una vinculación para legitimarse en el periodo electoral; ya después, gane o pierda la elección, la organización conformada se convierte en un estorbo, queda en desuso, tal vez ni siquiera llegaron a protocolizarla debidamente, esto ha llevado a la desconfianza con respecto a las organizaciones civiles, sobre todo cuando se les nota a leguas el propósito partidista y electorero.

Algunas otras continúan sus labores, pues encontramos algunas con objetivos algo extraños, por ejemplo promover el uso del traje de Charro, y aunque usted no lo crea, esta A.C. recibe una buena cantidad mensual del gobierno federal para realizar sus actividades y viajes.

Lo difícil sería encontrar un mecanismo para detectar y determinar con exactitud cuántas de las casi 40 mil organizaciones de la sociedad civil registradas en México se han creado con fines partidistas, debe ser una sorpresa conocer tal cifra, con seguridad sería proporcional a la desconfianza generalizada hacia este tipo de esquemas organizativos.

Según analistas, por estas circunstancias, México se ubica en lugares muy bajos del listado mundial de conciencia altruista y ciudadana, pues ni por la cercanía con Estados Unidos podemos igualar el número de organizaciones civiles que trabajan a favor del prójimo en Norteamérica donde existe un registro con más de un millón de agrupaciones.

Colombia, pequeño país de Latinoamérica, supera cuatro veces a México con casi 130 mil Asociaciones Civiles; Brasil anota unas 200 mil; definitivamente no hay manera de igualar, pues en México la ciudadanía no parece muy interesada en organizarse para trabajar en beneficio real de sectores desprotegidos y vulnerabilizados.

Algunas estadísticas indican en el 2008 un bajo índice de participación en las organizaciones, apenas un 6 por ciento de la población formó parte directa con alguna organización ciudadana y según la Encuesta Nacional de la Juventud del 2010, 73 por ciento de jóvenes entre 20 y 24 años no están interesados en  participar de ningún modo en alguna asociación de este tipo.

En estos porcentajes queda una cantidad ínfima de organizaciones con repercusión real y positiva ante la sociedad, la mayoría con temas sensibles para la defensa de garantías individuales, las cuales lamentablemente ocupan espacio en los medios por los constantes ataques y agresiones lanzados contra sus representantes y activistas, en este caso los defensores de derechos humanos y contra la libertad de expresión.

También sobresalen los defensores del ambiente, y últimamente crece el número de grupos movilizándose contra la violencia, contra el secuestro, por los desaparecidos, por los feminicidios, etc., pero en general, organizaciones internacionales notan en México vulnerabilidad de la participación ciudadana en asuntos de interés público.

Curiosamente, con este esquema de organizarse y conformarse como Asociación Civil, con evidentes fines electoreros, resulta extraño observar cómo los partidos políticos evitan vincularse con estas agrupaciones, pero las apoyan generosamente, como el PRI, donde se anotan como organizaciones “adherentes”, les apoyan para protocolizarlas de diversas maneras, con la condición de ser parte de su listado.

El PRD no reporta directorio de las organizaciones afines, el PAN tampoco, ni el resto de los partidos, pero cuando se conoce de alguna agrupación encabezada por personajes políticos azules, rojos, verdes o amarillos, es muy notoria la “afinidad” de estos grupos con los “altruistas aspirantes”.

Lamentablemente prevalece en México este mal uso de los esquemas de organización ciudadana; si éstos fueran bien encauzados sería de mucho provecho para todo gobierno, hasta podrían legitimizar y potencializar acciones, se podrían incorporar a las gestiones propuestas innovadoras de proyectos de impacto.

Lamentablemente sucede todo lo contrario, alejan cada vez más a los mexicanos, impidiéndoles participar en asuntos de interés público, y sobre todo se desconfía de estos grupos donde, si hay propósitos realmente altruistas y necesarios, se pierden en la marejada de aprovechados y oportunistas que forman una A.C. sólo para fines personales.

¿Cuántas Organizaciones y Asociaciones  Civiles podría usted identificar con metas ajenas a lo que realmente les marca la Ley como objetivo?, es momento de poner atención cuando se anuncie la existencia de una nueva A.C. o el resurgimiento de alguna ya creada, conocer toda información relacionada a su historia y dirigencias, conocer sus documentos básicos, acta constitutiva, estatutos, programa de acción, directorio y declaración de principios.

Animarse a participar a “ciegas” en cualquiera de estos grupos es apoyarlos para crear una mentira y sangrar el erario o la buena voluntad de quienes esperan respuestas y apoyos reales.

FIN.

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