Podría estar relacionada con algunas enfermedades mentales.

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Las partículas grandes que desecha la contaminación, como el hollín, pueden quedar atrapadas dentro de la nariz. Otras más pequeñas pueden entrar a los pulmones, y las más pequeñas pueden llegar hasta la corriente sanguínea. Las nanopartículas de la magnetita son tan diminutas que pueden pasar desde la nariz y el bulbo olfatorio hacia el sistema nervioso y hasta la corteza frontal del cerebro.

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Nanopartículas resultantes de la contaminación ambiental alcanzan el cerebro, donde podrían causar enfermedades como el Alzheimer, según un estudio británico de casos registrados en Ciudad de México.

Aunque el vínculo con esa enfermedad neurológica, cuya causa exacta se desconoce, queda por demostrarse, el estudio de la Universidad Lancaster de Gran Bretaña pone en evidencia “la presencia de nanopartículas de magnetita en el tejido cerebral humano”.

Los resultados, publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) de Estados Unidos, sugieren que “partículas menores a 200 nanómetros son lo suficientemente pequeñas como para entrar al cerebro a través del nervio olfativo”.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores de Lancaster analizaron muestras de tejido cerebral de 37 personas fallecidas, entre ellas, 29 eran habitantes de entre 3 y 85 años de la capital mexicana, donde existen notorios índices de contaminación elevada y las otras 8, ancianos, en la ciudad inglesa de Manchester, con distintos niveles de enfermedades neurodegenerativas.

Según los autores, las partículas halladas son similares a las “nanoesferas” de óxido de hierro -sensible al campo magnético- abundantes en el aire contaminado urbano, resultante de combustiones o fricción. Su presencia en el cerebro sería particularmente tóxica, aunque todavía queda mucho por examinar antes de poder concluir que desempeñan un papel en el Alzheimer.

Aun cuando no participó de dicha investigación, Peter Dobson, de la misma institución, dijo que “otros estudios apuntan a un origen externo de la magnetita hallada en el cerebro, pero aún no podemos estar absolutamente seguros”.

 

Con información de: AFP.