La pregunta que los analistas económicos se hacen desde que Trump anunció los aranceles a la importación de aluminio es hasta cuándo estarán los demás países dispuestos a soportar estos ataques comerciales. Las respuestas de estos países son lo que detonaría la tan mencionada guerra comercial entre los socios de los Estados Unidos y, al parecer, ya comenzó.

Hace unos días China respondió a las acusaciones que hizo Estados Unidos sobre sus prácticas desleales en la industria de aluminio fijando aranceles a distintos productos norteamericanos. Aunque el monto de los aranceles no fue alto, fueron escogidos específicamente para afectar a las regiones donde Trump tiene un alto apoyo político.

Estados Unidos es particularmente vulnerable a este tipo de tácticas ya que cuenta con un sistema de democracia representativa, con diputados en un congreso nacional, y porque el presidente de ese país se elige a partir de un peculiar sistema de delegados que hace que ciertos estados sean estratégicamente más importantes que otros y por lo mismo los hace susceptibles a ataques comerciales focalizados.

Un ejemplo de esto es el estado de Iowa, uno de los principales productores de puerco: China estableció un arancel al puerco estadounidense con la intención de menoscabar el peso político de Trump en ese estado.

La peculiar democracia china hace difícil si no imposible que los Estados Unidos puedan usar una estrategia similar. Y probablemente por este motivo es que hayan optado por la fuerza bruta, ya que el día de ayer el presidente Trump anunció que la Casa Blanca está estudiando aranceles por alrededor de 100 mil millones de dólares a productos chinos, una cifra escalofriante inclusive para una economía del tamaño de la china.

Con este paso queda inaugurada la guerra comercial entre estos dos países, lo cual beneficia enormemente al lado mexicano en las negociaciones del TLCAN. Aún cuando la economía estadounidense es lo suficientemente fuerte como para abrir diversos frentes en esta guerra comercial, el capital político de Trump está muy disminuido y es poco probable que él y su equipo estén dispuestos a arriesgar las elecciones intermedias en noviembre.

México debe tomar esta oportunidad para cerrar las negociaciones con los países norteamericanos y así disminuir la incertidumbre sobre una posible negociación que se extienda más allá de la presente administración. Esto debido a que los actuales candidatos a la presidencia tienen distintas visiones sobre la política comercial que debe llevar el país. De cerrar las negociaciones antes de la elección, es posible que las inversiones que han estado esperando una mayor certeza en el panorama comercial se puedan realizar antes de lo esperado, contribuyendo al crecimiento económico de México.

Román Acosta Rodríguez