Esta semana se dieron a conocer los resultados de la primera licitación de la Ronda 3 de PEMEX. Fueron 16 contratos asignados en aguas someras con el potencial de invertir alrededor de 8,600 millones de dólares a lo largo de la vida de los contratos. Independientemente de la repartición de utilidades entre el Estado y los privados, estos niveles de inversión se traducen en un mayor dinamismo económico en el país mediante la creación de empleos y otros incrementos en la demanda de insumos y servicios en la industria petrolera. Además de la inversión, estos contratos representan un incremento en los ingresos que el Estado percibe ya que estas empresas tendrán que pagar impuestos sobre la renta, derechos por extracción de hidrocarburos y demás cuotas aún desde la fase de exploración. Asimismo, una vez pagados los impuestos, las empresas tendrán que compartir con PEMEX las utilidades que se generen de la comercialización de los hidrocarburos.
Hasta aquí todo suena increíble, como si hubiéramos encontrado el mítico almuerzo gratuito. La lógica es que, sin la capacidad de inversión necesaria, PEMEX no hubiera sido capaz de acceder a estos recursos por si misma, por lo que el costo de oportunidad de éstos es nulo y cualquier ingreso adicional, aunque sea compartido, derivado de su explotación es pura ganancia.
Este argumento podría ser parcialmente cierto en un escenario pre reforma energética, donde la única manera de invertir en la explotación de estos recursos era utilizando recursos propios o deuda, en especial para los yacimientos en aguas profundas. Sin embargo, con el nuevo marco legal ahora es posible acceder a otra fuente de financiamiento: el capital privado. Esto no significa que el nivel de financiamiento óptimo de los proyectos petroleros sea 100% capital privado.
La explotación de un yacimiento de petróleo puede analizarse como se haría con cualquier otro negocio. En una primera etapa, el negocio no es más que una idea o un proyecto. Después de realizarse algunos estudios se determina que con cierta probabilidad el proyecto redituará una utilidad por un periodo de tiempo. Para poder obtener este flujo de utilidades se necesita realizar una inversión inicial, la cual puede financiarse con recursos propios (nuestros impuestos en el caso de PEMEX) o de alguien más (deuda o capital privada). La combinación adecuada de recursos propios, deuda y capital depende de cada proyecto, pero lo que es seguro es que ninguna de estas fuentes de financiamiento debe descartarse a priori.
En el estado financiero actual de PEMEX probablemente sea difícil acceder a más deuda o recursos propios para financiar proyectos, por lo que acudir al capital privado puede resultar la única alternativa viable en estos momentos para la petrolera. Sin embargo, conforme PEMEX comience a recibir las utilidades de los contratos licitados y a estabilizar su situación financiera, es necesario que se replanteen las fuentes de financiamiento óptimas para seguir con la explotación de hidrocarburos.
Los altos montos de inversión potencial son alentadores, así como los ingresos del Estado por estos proyectos. A la fecha se han invertido más de 500 millones de dólares de tan sólo las primera tres licitaciones de la primera ronda (no incluyen los contratos en aguas profundas de la cuarta licitación) y el Estado mexicano ya recibió casi 250 millones de dólares de ingresos por estos contratos. Sin embargo, el objetivo de la reforma energética no es licitar por licitar y no debe perderse de vista el fin último de maximizar el beneficio para los mexicanos de los recursos de la nación.
La reforma plantea que cada cinco se año se realice un plan con las áreas contractuales que se consideren licitar durante los siguientes cinco años. El plan quinquenal actual concluye en 2019, por lo que la siguiente administración federal deberá realizar la evaluación de qué proyectos financiar con capital privado y en cuáles conviene retener el control financiándolos con deuda o recursos propios. En este sentido PEMEX ya ha dado los primeros pasos, ganando algunos contratos en la primera licitación de la tercera ronda. Aun así, sigue siendo importante continuar con el análisis y aprovechar lo excepcionalmente transparentes que han sido los procesos de licitación. Esta tarea puede ser tan benéfica para el país como estar revisando los contratos buscando indicios de corrupción, si no es que más.
Toda la información sobre las primeras tres rondas de licitaciones las puedes encontrar en www.rondasmexico.gob.mx

Román Acosta Rodríguez