El día de mañana se cumple un año más de la victoria del General Ignacio Zaragoza y sus tropas ante el imperio francés. Esta fecha tal vez sea una de las menos celebradas en el país por lo cual sorprende que sea conocida y conmemorada en prácticamente todas las ciudades de los Estados Unidos. Conmemorada, por supuesto, muy al estilo de nuestros hermanos gringos: margaritas al dos por uno, taco bowls a mitad de precio y un espectáculo de box de primer nivel en Las Vegas, casi siempre con un mexicano en cartelera.

Para algunos mexicanos letrados, pensantes y patriotas radicados en los Estados Unidos, esta faramalla resulta un tanto molesta, agraviada por el hecho de que la mayoría de los estadounidenses no tienen idea de qué es lo que se celebra. Esto último es cierto, la mayoría confunde el 5 de mayo con el 16 de septiembre, sin embargo, también es cierto que algunos mexicanos, al llegar a los Estados Unidos, ignoramos una parte importante de la historia de los mexicanoamericanos que influyó fuertemente a la creación del 5 de mayo.

A diferencia de los estados sureños de los Estados Unidos, quienes utilizaron la compra de esclavos para satisfacer sus necesidades de mano de obra en sus plantíos, los agricultores en los estados del suroeste accedieron a la mano de obra mexicana. La historia de la explotación de mano de obra mexicana estuvo por mucho tiempo a la sombra de la trágica situación de los afroamericanos esclavizados del sur y aún sin el afán de comparar la esclavitud con el abuso de los jornaleros mexicanos, se ha documentado que las mismas estructuras sociales de opresión y discriminación por raza y/o etnicidad surgieron fuertemente en estados como California, Arizona, Nuevo México y Texas durante el siglo XIX.

En California, por ejemplo, por mucho tiempo se realizaron esfuerzos importantes para impedir el acceso de los mexicanoamericanos a la participación política del estado, implementando leyes abiertamente racistas como requerir ser capaz de “leer la constitución en inglés y escribir su nombre” para poder votar. Otros estados como Texas implementaron leyes que requerían a las escuelas educar sólo en inglés como una manera de segregar a los niños hispanoparlantes. El desdén por el idioma y la comunidad hispana llegó a tal nivel que el estado eventualmente tuvo que pasar una ley haciendo explícitamente a Texas un estado bilingüe para frenar la discriminación hacia los mexicanos y mexicanoamericanos.

Hacia la década de los 60, el movimiento de los derechos civiles había contagiado a una gran parte de la población mexicanoamericana con sus ideas progresistas. Así, distintas figuras aparecieron para convocar a las comunidades hispanas en los Estados Unidos a luchar por sus derechos. Figuras como César Chávez, fundador de la Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas, comenzaron un movimiento que después sería popularizado como el Chicano Movement. En estados como California estos movimientos lograron voltear el entorno político de manera dramática, a tal grado a que hoy en día parece casi imposible que un presidente republicano gane el estado.

El 5 de mayo conmemora la batalla de Puebla, pero también fue utilizado por la comunidad mexicanoamericana para reconocer la lucha por sus derechos civiles y para celebrar su herencia mexicana. En un país sin una identidad cultural única, estos días son comunes y juegan un papel importante en la dinámica social del país. Así como los “mexicanos” celebran el 5 de mayo, los “irlandeses” celebran el día de San Patricio, los “alemanes” celebran el Oktoberfest y los “chinos” celebran el año nuevo chino. Todos están invitados a celebrar y este es un paso importante, sin duda, hacia la integración de la comunidad mexicanoamericana en su país. Así que, si usted está de visita por los Estados Unidos este sábado, tómese un minuto para disfrutar de una Corona con un limón atorado y brindar por nuestros hermanos mexicanoamericanos: ¡Happy Cinco de Mayo!

Roman Acosta Rodríguez