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Juegos en Economía Política

Juegos en economía política: Cambridge Analytica y las fake news

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Hace unos días el New York Times reportó que Cambridge Analytica, una compañía que da asesoría basada en análisis de datos, había tenido un acceso indebido a la información de más de 50 millones de usuarios de Facebook. La razón por la cual esta noticia cobró aún mayor relevancia es porque esos datos fueron presuntamente utilizados para manipular a los votantes norteamericanos mientras Cambridge Analytica trabajaba para el entonces candidato presidencial Donald Trump.

Que una compañía tenga acceso a la información de los usuarios de Facebook no debería de causar extrañeza, después de todo es ese el contrato que explícitamente firmamos los usuarios de redes sociales con los proveedores de dichas plataformas: una experiencia gratuita a cambio de cederle al proveedor del servicio el derecho de lucrar con nuestros datos. Esto generalmente se materializa con la venta de nuestra información personal a las compañías que buscan posicionar sus productos en nichos hiperfocalizados.

El gran problema en este caso fue que el acceso que Cambridge Analytica tuvo a estos datos fue ilegal. en lo particular, los obtuvo de un tercero que no tenía autorización de compartirlos. Aquí vale la pena hacer un paréntesis para reconocer que el New York Times y demás organizaciones que han diseminado el reportaje han liderado la campaña mediática en contra de Trump sosteniendo que ganó la elección gracias a la intervención cibernética rusa. La historia de Cambridge Analytica cae como anillo al dedo en esta narrativa.

Todo este asunto pasa de gris a oscuro cuando se dan a conocer videograbaciones donde altos directivos de Cambridge Analytica discuten estrategias “poco éticas” con las que logran influenciar a los actores políticos a favor de sus clientes. Adicionalmente, existen rumores de que esta firma ha trabajado recientemente en México y se prevé que pronto salgan a la luz sus conexiones con los candidatos a la Presidencia de México.

Aquí es donde vale la pena hacer dos precisiones. En primer lugar, no existe ningún problema a priori con que las compañías que ofrecen sus servicios sin un costo financiero para el usuario lucren con los datos que recopilan siempre y cuando ambas partes estén informadas y de acuerdo en la utilización que se les dará a los datos. En segundo lugar, tampoco hay problema con que un candidato contrate la asesoría de una compañía especialista en el análisis de datos. El análisis de las características sociodemográficas del electorado es una parte esencial de una campaña política efectiva.

El gran problema surge cuando el acceso a los datos del electorado es ilegal y/o cuando se utilizan los datos para dirigir una campaña de información falsa, las ya famosas Fake News. En el primer caso el problema es evidente y ya hay todo un marco legal que protege los datos de todos los mexicanos. En el segundo caso el tema se complica, ya que esparcir mentiras no es un delito per se, y no existen mecanismos legales que nos protejan las noticias falsas. Sin embargo, sigue siendo altamente pernicioso para la sociedad debido a que polarizan y disminuyen la voluntad de diálogo y apertura al diálogo.

El debate sobre como regular la utilización de datos ya comenzó, al menos en Estados Unidos. Mientras resolvemos cuales son las medidas a seguir para evitar que las compañías y los políticos abusen de la información queda en nuestras manos como sociedad civil ser responsables con la información que compartimos y que internalizamos como verdadera. De lo contrario corremos el riesgo de repetir en México un desastre como el de la elección de Trump.

Román Acosta Rodríguez

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Juegos en economía política: Monopolizando la corrupción

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Uno de los temas que más nos preocupa a los mexicanos es la corrupción que ha prevalecido en prácticamente todos los órdenes del gobierno y en todos los rincones del país. Las razones morales son más que suficientes para exigir que la corrupción sea erradicada por completo. Sin embargo, la tarea también es deseable desde un punto de vista meramente utilitario. En primer lugar, la corrupción supone un sobreprecio que paga el gobierno por los bienes y servicios que compra del sector privado. Si las empresas anticipan que tendrán que hacer una transferencia en efectivo a algún funcionario corrupto es de esperarse que no sean capaces de ofrecer precios más competitivos al gobierno. Desde un punto de vista meramente económico o contable, esta es una transferencia de recursos de una parte de la economía a otra, y no todo el monto del soborno puede ser interpretado como costo en bienestar social.

Este punto puede resultar sumamente controversial, así que permítanme ofrecer un ejemplo. Si a usted le roban 500 pesos por supuesto que esto representa un costo, un agravio a su economía familiar, así como cuando un funcionario corrupto acepta un soborno, éste representa un costo para todos los mexicanos que pagamos impuestos. Sin embargo, estos 500 pesos no se evaporan de la economía, si no que son transferidos de un bolsillo a otro, y ultimadamente serán gastados en algún bien o servicio que harán que la economía se siga moviendo. Lo mismo sucede con el pago de un soborno, el dinero pasa de un bolsillo a otro y esto no desacelera el crecimiento económico necesariamente.

El costo en bienestar social se encuentra en el costo de oportunidad de esos recursos que fueron utilizados para el consumo privado del funcionario corrupto. Si el funcionario no hubiera aceptado el soborno, la empresa podría ofertar un menor precio o una mejor calidad en el bien o servicio. Si la calidad fue menor, el costo en bienestar social se traduce en una menor tasa de retorno del proyecto, si el precio fue mayor el costo proviene de la tasa de retorno de otros proyectos que no se pudieron realizar por falta de presupuesto.

El punto medular en el cálculo de la pérdida en bienestar social de la corrupción es la tasa de retorno social del gasto público. En un país como México normalmente se piensa que es altísima y difícil de calcular: ¿cuál es el retorno social de salvar la vida de un niño o proveerle de educación de calidad? De esta manera, pensar que el daño que le hace al país la corrupción es del tamaño del monto de los recursos desviados es una grave subestimación. El verdadero daño está en todo el rezago en desarrollo social que se ha acumulado por no haber invertido esos recursos, especialmente en los sectores de la población más marginados.

El problema es real y es enorme, por eso urge atenderlo. No nos beneficia en nada como sociedad creer en un cuento de hadas en el que un personaje con mera voluntad terminará con la corrupción predicando con el ejemplo. Tampoco nos sirve satanizar a un partido y pensar que echándolo del poder se terminará con la corrupción. Estos mensajes son convenientes porque pueden ser explotados electoralmente, pero no son la solución. Tenemos que comenzar por reconocer que nadie tiene el monopolio de la corrupción ni de la honestidad así como entender que arreglar el problema será mucho más complicado de lo que nos quieren hacer creer.

Román Acosta Rodríguez

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Juegos en economía política: La Guerra Comercial: Parte II

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La semana pasada hablábamos de las consecuencias en el ámbito internacional de la guerra comercial iniciada hace unos días por los Estados Unidos. Cada uno de los países afectados, México incluido, tendrá que decidir una estrategia para responder a la agresión comercial norteamericana. Esto no sólo es de esperarse, sino que es permitido bajo los acuerdos suscritos ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). La idea es que cuando un país impone barreras al comercio a algún otro miembro de la OMC, el país afectado tiene derecho a responder de manera proporcional con las tarifas que le resulten convenientes.

En el caso de México, los productos elegidos fueron el puerco, la manzana, el queso y whiskey. La razón que ya hemos escuchado es que estos productos son típicos de las regiones que apoyan a Trump, y que al haber elecciones intermedias el próximo noviembre, estas tarifas son la medida ideal para atacar al presidente. Esto es parcialmente cierto, y definitivamente sería un análisis casi completo con cualquier otro presidente, o con un presidente más convencional, pero Trump no es el caso. En primer lugar, esta lógica presume que al presidente de los Estados Unidos le interesa lo que suceda con el partido republicano en las elecciones intermedias y aunque Trump se ha mostrado en campaña apoyando candidatos del partido de Lincoln, lo cierto es que él es el primero en admitir que lo que le importa es su reelección e inclusive ha hecho declaraciones en contra de candidatos de su mismo partido.

El presidente de los Estados Unidos debería estar preocupado, después de todo la investigación sobre posibles crímenes cometidos durante su campaña aún no termina y el proceso para empezar un impeachment empiezan por el congreso, sin embargo, es evidente que no lo está o que le preocupan más otras cosas (comenzar una guerra nuclear con Corea del Norte quizá). Los verdaderamente preocupados son los líderes del partido republicano, sobre todo en el congreso y en el senado. Personajes como Mitch McConnell, presidente del senado, y Paul Ryan, presidente de la cámara de diputados, representan a los estados de Kentucky y Wisconsin, dos de los estados que se esperan absorban el mayor costo de los aranceles impuestos por México al whiskey y al queso. Por este motivo, no extraña que en Estados Unidos haya resurgido el debate sobre qué tanto poder debe realmente tener el presidente para imponer tarifas sin la autorización del congreso.

La situación política en los Estados Unidos se complica y no parece existir una salida fácil para el lío en el Donald Trump se ha metido. Por lo pronto, en estos días se estarán reuniendo las potencias del G-7, y se especula un frío recibimiento para el presidente norteamericano. Este problema escapa de la esfera de acción de México, y aunque sea frustrante, tal parece que por el momento no hay mucho que podamos hacer para terminar con el intercambio de golpes comerciales, nada más allá de seguir abriendo la economía en otros horizontes y  continuar negociando con dureza y dignidad como lo hemos venido haciendo hasta ahora.

Román Acosta Rodríguez

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Juegos en Economía Política: La Guerra Comercial: Parte I

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Después de meses de incertidumbre, la guerra comercial ha comenzado. Diversos analistas económicos especulaban sobre un posible conflicto comercial entre las principales potencias mundiales, un servidor incluido, y al parecer este fenómeno ha comenzado.

El pasado miércoles 30 de mayo, el gobierno estadounidense anunciaba que se acababan los periodos de gracia para las tarifas al aluminio y al acero europeo, canadiense y mexicano. A partir del primero de junio estos países ya no podrían comerciar libremente estos productos con los Estados Unidos de América.

Esta noticia sonó las alarmas en todos los países aliados de Estados Unidos, y México  no fue la excepción, sobre todo si tomamos en cuenta que México esta involucrado en un largo y tortuoso proceso de renegociación de un tratado de libre comercio con Estados Unidos y con Canadá. La principal preocupación para México es que estas tarifas sean un primer paso en la realización de otros impuestos a la importación de productos manufacturados en México, principalmente automóviles.

En las últimas semanas, la renegociación del tratado de libre comercio con norte américa se ha visto cada vez mas distante debido a las demandas francamente irracionales de parte del gobierno estadounidense. Esto ha provocado un ambiente desalentador en los negociadores mexicanos que han llegado ha cuestionar la viabilidad de cerrar este tratado antes del 1 de julio, día en el que se realizarán las elecciones federales en México.

Los Estados Unidos también tienen (o tenían) un interés en cerrar el tratado a la brevedad posible, ya que ellos también se enfrentan a un proceso democrático en noviembre de este año. Por este motivo, el congreso estadounidense tiene muy poco tiempo para ratificar y aprobar cualquier ley, incluido el tratado de libre comercio, ya que después del verano el país del norte entrará en una especie de parálisis legislativa en la que ninguna propuesta de ley podrá concretarse hasta no haber pasado el proceso electoral de noviembre.

El panorama no luce nada alentador para México, y muestra de estos son las fuertes variaciones que el peso mexicano ha tenido en los últimos días. Solo después de la noticia de que Estados Unidos impondría los aranceles al acero y el aluminio mexicano el peso mostro una caída significativa lo cual muestra que los mercados no han internalizado del todo la posibilidad de que el tratado de libre comercio se venga abajo eventualmente.

Lo único que es seguro en este momento es que México no es la prioridad de los Estados Unidos en su política exterior. Donald Trump pasa la mayoría de su tiempo hablando de Corea del Norte, Irán y China y lo que suceda con su relación con México y Canadá lo tiene francamente sin cuidado. Quizás sea tiempo de mostrar al país vecino que no pueden dar por sentada la relación con México, quizás sea tiempo de repensar la relación bilateral que sostenemos con los Estados Unidos.

Román Acosta Rodríguez

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Estado de México