“No se puede hablar de crecimiento si no está garantizado lo más básico: la producción de alimentos para la población y las materias primas para la agroindustria” -Araujo et al 2013

El término autosuficiencia alimentaria hace referencia a la capacidad de un país de producir los alimentos que consume, de tal forma que si un país no produce todo lo que consume (importa alimentos) se dice que tiene dependencia alimentaria. Este último término tiene una connotación negativa, heredada probablemente de otra época, donde el comercio entre las naciones era menos común.

Es fácil cometer el error de asociar autosuficiencia alimentaria con seguridad alimentaria. Como sociedad debemos ocuparnos en asegurar que todo mexicano pueda cubrir sus necesidades básicas; alimentarias o de otro tipo. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con el origen de los alimentos consumidos en el país.

El argumento de la dependencia alimentaria forma parte de un discurso nacionalista que nos pide “despertar” y darnos cuenta de que no necesitamos comprarle maíz a Estados Unidos. Evidentemente no, no estamos obligados a comprarle maíz a nadie. Así como nadie en México está obligado a producir o a dejar de producir maíz. El punto es que tanto productores como consumidores de maíz tienen la libertad de elegir a quien le compran o cuanto producen, y si en México compramos alimentos de otro lado es porque sale más barato que producirlo aquí.

Diariamente millones de familias en México salen a comprar sus alimentos, en lugar de cosecharlos en casa, y ninguna de esas familias se siente “alimentariamente dependiente” del supermercado. El ejemplo es similar a nivel nacional: no hay ninguna razón económica por la que México deba preocuparse por producir alimentos, mientras produzcamos cosas de suficiente valor, siempre habrá quien quiera comerciar con nosotros (vaya, hasta Corea del Norte tiene socios comerciales).

Cuando los políticos hablan de autosuficiencia alimentaria (AMLO no es el primero ni será el último) de lo que realmente están tratando de hablar es de desarrollo social y combate a la pobreza rural. Las propuestas que hablan de precios de garantía, autosuficiencia alimentaria, fertilizantes, semillas, y demás, no tienen una motivación económica, sino una motivación social. Una parte importante del modelo económico (neo) liberal es dedicar los recursos físicos, humanos y financieros a las actividades más productivas, donde se tenga una ventaja comparativa para poder comerciar. De tal forma que un economista neoporfirista probablemente diría que habría que convencer a todas estas personas que se dedican a la producción de cultivos de bajo valor a estudiar y/o emigrar a una ciudad, donde puedan dedicarse a una actividad económica por la que el mercado quiera pagar un mayor precio.

Esto es fácil de hacer en el modelo, pero es mucho más complicado de implementar. ¿Cómo convencer a una familia que ha sembrado avena desde la Revolución de que se dedique a otra cosa? ¿Cómo obligar a un joven a dejar su tierra para estudiar en una ciudad que no conoce?

La economía mexicana no ha sido capaz de crecer lo suficiente como para hacer irresistible este cambio de actividad económica. En el proceso no es justo ignorar las condiciones de precariedad que se viven en gran parte del campo mexicano. Otros países, grandes potencias, subsidian fuertemente a sus sectores agrícolas y no tienen reparo en imponer tarifas para proteger a sus agricultores. Esto no es justificación para que México haga lo mismo, pero habla de que la transición a una economía industrializada no es fácil, y en el camino muchos países han tenido que hacer concesiones para suavizar el proceso.

Es lamentable la manera en que los políticos lucran con la pobreza rural, llamándole política agrícola y engañando a la gente con discursos patrioteros. Los actuales programas de impulso al campo son altamente recesivos: el 93% de la tierra está en manos del 5% de los productores con más de 5 hectáreas cultivables, de tal forma que cualquier programa agrícola que implemente el Estado derivará en una renta que será inevitablemente capturada por este 5% de grandes productores. Este es el mayor problema, y el aspecto más triste de las propuestas en materia agrícola de políticos como López Obrador: aun si las propuestas fueran totalmente bien intencionadas, servirían de muy poco para aliviar la pobreza rural y dejarían un impacto devastador en la hacienda pública.

Román Acosta Rodríguez