El pasado martes 8 de mayo el presidente de Argentina Mauricio Macri salió en cadena nacional anunciando que le solicitaría el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI) para evitar una crisis como la que vivieron a penas en 2001. En ese entonces, el gobierno argentino se declaró incapaz de cumplir sus obligaciones financieras con sus acreedores internacionales, acto que inauguraría un largo y doloroso periodo de recuperación para la economía argentina.

Los gobiernos nacionales se endeudan como lo hacen las empresas o las personas, también pagan tasas de interés y tienen que devolver el dinero después de un periodo de tiempo. Sin embargo, existe un detalle que hace a los gobiernos deudores diferentes. A diferencia de una persona o una empresa que deja una casa o un inmueble como garantía, los gobiernos nacionales no suelen ofrecer un colateral al pedir un préstamo.

Tampoco existe un sistema de cortes internacionales o una policía mundial que pueda obligar a un gobierno a pagar sus deudas. Así, cuando un banco le presta dinero a un gobierno lo único que éste último pone como garantía es su palabra o reputación, y esto es una de las cosas más valiosas, desde un punto de vista financiero, que un gobierno puede llegar a tener.

De esta manera, al anunciar que no pagaría más sus deudas, Argentina perdió la confianza de los inversionistas en 2001, lo cual significó que durante años el país no tendría acceso a los mercados financieros. Las consecuencias de un evento de este estilo son bien conocidas en nuestro país.Lo primero que ocurre es una depreciación de la moneda nacional. Como cualquier otro activo que se compra y vende en un mercado abierto, el precio del peso (tipo de cambio) depende de su oferta y demanda.

Cuando los inversionistas extranjeros entran en pánico y desean sacar su dinero de México lo que hacen es vender sus activos mexicanos ocasionando un exceso de pesos mexicanos en el mercado cambiario. Al haber un exceso de oferta de pesos, el precio de la moneda cae y se genera la bien conocida depreciación.

En países como México, el tipo de cambio tiene asociado un valor emocional muy grande ya que en casi todas las crisis que ha sufrido el país se ha observado una fuerte depreciación de la moneda nacional. Sin embargo, en principio no hay una razón por la cual un tipo de cambio alto o bajo sea más o menos deseable.

Aún así, los bancos centrales suelen preocuparse por cambios súbitos del precio de la moneda debido a que estos pueden traer un cambio brusco en las expectativas de inflación de los participantes en la economía cosa que parece estar sucediendo actualmente en Argentina.

Como usted tal vez haya experimentado al visitar otros países, mucho del comercio que se hace entre distintas naciones se realiza en dólares. Aún cuando el comercio sea entre dos países que poco o nada tengan que ver con Estados Unidos, la realidad es que el dólar estadounidense es la unidad financiera de referencia en prácticamente todo mundo.

Inclusive para las empresas argentinas, aun sin grandes operaciones internacionales, endeudarse en dólares resultaba muy atractivo debido a las bajas tasas de interés que los bancos ofrecen al emitir el préstamo en dólares (la tasa de referencia en Estados Unidos está por debajo del 2% mientras que en Argentina rondaba el 20% antes del anuncio del Macri). De esta forma, un dólar más caro se traduce casi completamente en una deuda más alta para las empresas y para el gobierno, lo cual presiona fuertemente el nivel de precios en el país.

Las razones por las cuales Argentina está de nueva cuenta en este lío son inciertas. Algunos analistas señalan el incremento en las tasas de interés estadounidense que presionaron los costos financieros de Argentina, tanto de sus empresas como de su gobierno. Lo que es seguro es que la crisis comienza cuando el país pierde la confianza de los inversionistas y el anuncio del presidente Macri se puede tomar como un intento desesperado por ganar un poco de la confianza perdida.

Qué tanto logre recuperar es difícil de estimar, los analistas ya hablan de que los 30 mil millones de dólares que le pidió al FMI no serán suficientes. Por lo pronto a nosotros nos sirve de recordatorio que la reputación que tanto nos ha costado crear en cualquier momento se puede esfumar.

Román Acosta Rodríguez