Duverger fue un famoso politólogo francés que introdujo el concepto del voto estratégico en la teoría política. La idea es que cuando en una elección se utiliza el principio de mayoría relativa para elegir al ganador, el electorado no querrá desperdiciar su voto con un candidato perdedor y terminará votando por un candidato con posibilidades reales de ganar. A esto es a lo que comúnmente llamamos el voto útil.

Este fenómeno no es propio de una región en particular ya que ha sido documentado en elecciones desde Japón hasta Alemania. Inclusive en México ha llegado a ocurrir, y es una de las posibles explicaciones al porqué los encuestadores se “equivocan” tanto al momento de predecir el resultado de una elección.

Uno de los ejemplos más recordados es la estrepitosa diferencia entre la encuesta de GEA-ISA que utilizó Milenio durante la elección federal de 2012 y los resultados de la elección. Esta encuesta ponía a Enrique Peña Nieto 18 puntos encima de AMLO, quien estaba en un empate técnico con Josefina Vázquez Mota, según esta encuesta.

La Ley de Duverger diría que muchos de los votantes que deseaban votar por el PAN prefirieron darle su voto al PRD con tal de tratar de bloquear al PRI de ganar la elección. De ser verdad, esto representa un gran reto para las casas encuestadoras ya que este comportamiento es difícil de predecir. Este fenómeno es bien conocido por politólogos y economistas: la gente miente, aún en encuestas, y es difícil inferir el comportamiento a partir de las respuestas a un cuestionario.

A este fenómeno hay que agregarle la obsesión de los medios de comunicación por publicar las preferencias “efectivas” de la población. Este número se calcula a partir de reajustar las proporciones de las preferencias reportadas de la encuesta al remover a los votantes indecisos, implícitamente asumiendo que se conoce la distribución de preferencias de este grupo de votantes.

Si se toman en cuenta estos dos factores no es para nada sorprendente que la diferencia entre la encuesta de GEA-ISA y la elección haya sido de doce puntos: el voto útil del PAN al PRD y la distribución de los indecisos son más que suficientes para explicar la diferencia (los indecisos en la encuesta tenían un nivel del 15%).

La nueva encuesta de GEA-ISA se publicó esta semana y muestra a López Obrador con 29%, a Anaya con 24% y a Meade con 20% de las preferencias. Considerando que la encuesta reporta un margen de error del 3%, Meade y Anaya están en empate técnico. Si encima de esto consideramos que los indecisos en esta ocasión están en un nivel de 21%, es evidente que esta elección está mucho más cerrada que la elección de hace 6 años, que terminó con una diferencia de 6% entre el primer y segundo lugar.

La gran incógnita en este momento es quien será capaz de atraer el voto útil, Anaya o Meade. En principio, ambos deberían de ser capaces de atraer este voto. Sin embargo, existe una diferencia de fondo entre las dos campañas. Anaya construyó su plataforma a costa de atacar directamente al PRI y al presidente. Esto hace muy complicado un escenario donde Anaya capture el voto útil del PRI. Por el otro lado, Meade es un funcionario público que ha servido en administraciones del PRI y del PAN, y que no se ha dedicado a atacar directamente a los votantes panistas. Aunado a esto se encuentran los votantes remanentes del PRD quienes, como Silvano Aureoles en Michoacán, no se sienten representados por Ricardo Anaya y terminaron por ofrecer su apoyo a Meade.

Las encuestas son una gran herramienta para medir las preferencias del electorado previo a una elección. Pero es importante no perder de vista que no miden más que eso: preferencias. Adivinar el comportamiento humano es complicado y no solemos actuar de manera consistente con lo que respondemos en una encuesta, sobre todo el día de la elección. Falta mucho tiempo en términos políticos para la elección, y muchas cosas pueden pasar, así que vale la pena recordar que nada está definido y que aún está en nosotros como ciudadanos continuar haciendo la labor de evaluación, comparación y reflexión de los programas de gobierno de cada candidato.

Roman Acosta Rodríguez