Un muro de opio

27 de octubre de 2017

Román Acosta Rodríguez

 

El pasado jueves el presidente de los Estados Unidos declaró a su país en estado de emergencia por la creciente adicción a los opioides entre su población. La Encuesta Nacional sobre la Salud y el Uso de Drogas (NSDH por sus siglas en inglés) muestra datos alarmantes: casi 92 millones de norteamericanos consumieron algún tipo de opioide de manera legal, es decir, un médico con licencia les expidió una receta para consumir estos productos. Este descomunal consumo ha traído como consecuencia que casi 1.9 millones de norteamericanos se autodenominen adictos a estas substancias según las NSDH.

Después de escuchar estas escalofriantes cifras uno entiende por qué es que Trump declaró en estado de emergencia a su país y esperaría ver un despliegue de recursos financieros y humanos para ayudar a estas pobres personas pero no, una respuesta de este tipo presupondría entender a esta crisis como la consecuencia de la negligencia médica y la voracidad de las farmacéuticas norteamericanas quienes empujan los opioides agresivamente con sus estrategias de mercadeo en su población o de responsabilizar al consumidor norteamericano por el abuso en su consumo de estas substancias.

Por el contrario, para la actual administración federal norteamericana el culpable de esta crisis de salud es la oferta ilegal de opioides en el mercado negro, provenientes principalmente de su frontera sur.

Así es como todo esto empieza a cuadrar, ¿está Trump realmente preocupado por la salud de su pueblo? Solo él lo sabe, pero lo que es seguro es que en su mente la causa de la crisis es clara y se resume en una frontera débil que según él debe de ser reforzada con una muralla física para proteger a los indefensos consumidores de opioides en los Estados Unidos.

La declaración de estado de emergencia ayuda a Trump a empujar su agenda sobre el muro ya que no sólo se vuelve parte de la estrategia de seguridad nacional si no parte de la estrategia de salud pública para combatir una epidemia.

Es de esperarse que esta estrategia sea incorporada por el equipo de negociación estadounidense el próximo 17 de noviembre cuando comience la siguiente ronda de negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio en la Ciudad de México. Es la manera menos costosa de incorporar la obsesión de Trump con el muro disfrazada de una política de salud pública.

Asimismo, el pasado 17 de octubre el Washington Post reportó sobre distintos materiales usados por Peter Navarro, el actual director de políticas sobre comercio y manufactura de la Casa Blanca, que sostienen que la fuga de trabajos manufactureros a México ha ocasionado que se incrementen los abortos, los divorcios y las adicciones en Estados Unidos.

De esta forma, con una mezcla de evidencia empírica y alternative facts, Estados Unidos está preparando los argumentos que llevarán a la negociación para incluir el financiamiento del muro en el nuevo tratado.

El equipo de negociaciones mexicano necesita preparar una estrategia contra la narrativa fundada en datos falsos y sentimientos anti mexicanos y para poder diseñar esta estrategia es importante entender los incentivos que mueven al rival.

Esto en general es difícil de prever, pero me atrevería a apostar a que no es un tema de salud lo que motiva a Trump sino su obsesión con un muro por el que está dispuesto a abandonar a 1.9 millones de norteamericanos. Todo con tal de que México pague por él.