México es un país de historias que se han vuelto leyendas.

México es un país de grandes tradiciones y cultura que han sorprendido al mundo, pero hay algo que nuestra nación guarda, sus historias que se han vuelto leyendas.

Ejemplo de esto, una la leyenda que nace en el barrio de Xonaca, Puebla, el gobernador Maximino Ávila Camacho tenía una hermosa quinta de verano, en la cual vivía un trabajador junto a sus adorables hijos, un niño y una niña de aproximadamente 6-7 años, un día lluvioso el los despidió antes de que se marcharan a la escuela, sin saber que sería la última vez que los vería…

Ese día el niño llevaba un overol azul, traía una sombrilla para protegerse de la lluvia, abrazó a su hermanita, quien llevaba un vestido amarillo, y juntos se marcharon caminando hacia la escuela. Lamentablemente los niños nunca llegaron a su destino y tampoco regresaron a casa. Todos los lugareños buscaron y buscaron pero nunca los encontraron, al pasar de los días asumieron que los niños habían caído a un pozo de agua cerca de la quinta y murieron ahogados.

El Gobernador mandó colocar en su honor, una fuente con la estatua de los niños perdidos; Desde que el monumento fue instalado, manifestaciones paranormales han ocurrido, pues se dice que las estatuas cobran vida después de la medianoche y deambulan por las calles, se pueden escuchar sus inocentes cantos y sus siniestras risas desde la fuente hacia sus desolados alrededores. Como todo niño, ellos también hacen travesuras, pues de vez en cuando arrojan piedras a los carros y a las personas que pasan por la fuente.

Las personas que los conocían, decían siempre ver a los inseparables hermanitos cantando y jugando, su lazo era tan grande que permanecieron juntos para siempre, incluso después de la muerte.

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