Fentanilo

La siembra de amapola es la única fuente de ingreso de campesinos

Entre las montañas del sureño estado mexicano de Guerrero, cientos de familias pobres han dependido durante años de la amapola, una hermosa flor de la que se obtiene la goma de opio, el precursor de la heroína.

Sin embargo, su subsistencia comienza a estar en peligro: la irrupción del fentanilo, un opioide sintético que es 50 veces más potente que la heroína, golpea el precio del kilo de goma de opio.

“Es el peor año que hemos tenido, se ha visto mucho la diferencia, no sacas ni los gastos”, dice a la AFP un campesino de 24 años que evita dar su nombre por razones de seguridad y que empezó a sembrar amapola a los 11 años.

Frente a un pequeño campo de amapola escondido entre las secas montañas cercanas a la localidad de Tlacotepec, en el centro del estado, el campesino recuerda que el precio pasó de cerca de 16.000 pesos el kilo (811 dólares) a 9.000 pesos (450 dólares).

“Nosotros hemos sentido mucho la diferencia, el cambio con eso de las drogas sintéticas, que nos vienen con esa explicación de por qué bajó tanto este precio”, se queja, mientras un compañero revisa el sistema de riego del cultivo.

El exagente de la DEA Mike Vigil confirma la versión del campesino. “Lo que está influyendo mucho más es el opioide que se está produciendo y que se está vendiendo por parte de China. Es el fentanilo”, dice a AFP.

El experto vaticina que los carteles de drogas van a estar cada vez más inclinados a comerciar esta sustancia. “A un narcotraficante le conviene producir fentanilo o importarlo de China porque corre menos riesgos”, dice.

“Si cultivan amapola (las autoridades) la pueden fumigar, y aparte, la policía o los militares pueden descubrir los laboratorios”.

En Estados Unidos, adonde se vende el grueso de la heroína, el vertiginoso aumento del consumo ilegal de opiáceos sintéticos -como el fentanilo- ha generado ya una epidemia.
Esta crisis, advierte Vigil, tendrá un fuerte impacto en el modo de operar del narcotráfico en ambos países. “Va a causar más problemas con la epidemia de opioides aquí en Estados Unidos. También va a causar violencia por la competencia de los carteles”.

“Es ya la costumbre”

En el violento estado de Guerrero, en donde las disputas de los grupos criminales dejaron 2.318 homicidios en 2017, la cifra más alta de todo el país, casi no hay otras industrias y las personas continúan cultivando la amapola.

A finales de marzo, pobladores impidieron que el ejército mexicano destruyera varios plantíos al asegurar que es su única forma de subsistencia.

“Es ya la costumbre, no hay otra fuente de empleo”, dice otro campesino.

Cerca de donde habla, están los restos de un campo de amapola que el ejército destruyó con machetes días atrás, justo cuando estaba floreando.

“El batallón los arruina (a los campesinos) porque normalmente ya tienen vendida la cosecha o ya les adelantaron un pago”, explica Carlos Illades, historiador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y experto en la región de Guerrero. La intervención del ejército supone para ellos no solo pérdidas económicas sino amenazas a su integridad por la eventual imposibilidad de cumplir con las organizaciones narcotraficantes.

El ejército reportó en 2017 la destrucción de 28.751 hectáreas de cultivo de la flor, un aumento de casi 30% frente a 2016.

Pese a ello y a la irrupción del fentanilo, la siembra de amapola, en particular en Guerrero, no ha dejado de crecer.

“Está en todo el estado”, agrega Illades.

Por: Dome Gómez

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