Está en boca de todos. Unos se lo tragan y otros lo escupen. A algunos se les mete por un lado para salir por el otro, unos lo aceptan con gusto y a otros nomás no les entra. Depende de quién sea la persona que lo reciba, va cambiando su reacción, unos sonríen, otros se ofenden y hasta existen los que lo pelean.

Puede que te lo eche tu mecánico, puede que te lo eche un mesero, puede que sea tu profesor el que te lo quiera enseñar, o incluso alguien de quién no te lo esperarías, como un sacerdote o tu tía. El albur es inescapable y es tan importante para la vida del mexicano, como conocer un buen puesto de tacos o saberse de memoria el himno nacional.

Aquí su servidor, no es ningún experto en el arte. Sí, me defiendo y no dejo que me traigan de bajada, pero un buen alburero me destroza. A mi me gustan los albures finitos, elegantes, los que no se van por lo vulgar, los que manipulan el lenguaje de una forma tan exquisita, que uno no sabe ni que le pego (o lo toco).

Para mi, el albur es más que una majadería o un juego, para mi, el albur es un tema interesantísimo que siento que no es tan estudiado como debería de serlo y me encanta, no solo por su increíble genialidad, si no también por que al hacerlo, estoy seguro que nos pone más cerquita de lo que significa ser Mexicano.

Pero antes de poder gastar tanto tiempo discutiendo insultos, hay que entender que es el albur y de donde viene:

La RAE (Real Academia Española), define el albur mexicano como: Juego de palabras de doble sentido.

Y está bien, digo, quién se va a poner a discutirle a su majestad, la RAE. Pero me gustaría explorar un poco más a fondo, y bien a fondo, las curiosidades lingüísticas con las que nuestro lenguaje permite el doble sentido:

-Malapropismos: El uso incorrecto de una palabra con un sonido similar (Aguas. Fíjate donde pisas, que anda suelto mi riatón [ratón]).

-Metonimia: Designar una cosa con el nombre de otra con la que existe una relación. En este caso la designación alude a un significado escondido (“Ando con antojo de un jugüito de papaya [órgano reproductor femenino] de los que me hace tu hermana”

-Calambur: Modificar el significado de una palabra, agrupando sílabas (“Dime una palabra y te la rimo [te la arrimo]” ó “Tengo en el piso las vacas y en el techo la leche [te echo la leche]”)

-Paronomasia: Emplear palabras de sonido similar o igual pero significado diferente (“Híjole Maestra, con ese trabajito me la dejó bien dura [difícil/erecta(o)])

Entre otros.

Y ahora la parte de esta definición que, sí, no creo justa: “un juego”. Sí, el albur es un juego, pero también es una competencia y una forma de poesía; y no solo esta limitada a la retórica, el albur también invade a las adivinanzas (¿El colmo de un jardinero?, sembrar alfalfa y recoger té), los letreros (“Taller Mecanico: pase y siéntese, aquí le checamos el aceite.), las instrucciones de tránsito (“Favor de tocarme el pito antes de pasarme por atrás.”) y hasta las canciones “La tienda de mi pueblo” del grandísimo Chava Flores:

“De un embutido un chorizo podías tu llevar,

longaniza de aquella que traín los inditos de juera;

te acomodaba al llegar en mi hotel particular,

tres pesos más te sacaba por la regadera;

pero un buen día me perdí, y hasta mi tienda vendí,

sólo salvé del traspaso la parte trasera.”

Con todo esto en mente, me gustaría dar una definición del albur mas completa y satisfactoria:

Albur: manipulación lingüística que incorpora malapropismos, metonimia, calambur, paronomasia y otras manipulaciones de la lengua, para infundir connotaciones alternas y escondidas, en frases o palabras.

Aún que, las competencias de albur existen formalmente, los duelos son típicamente espontáneos y pueden comenzar en cualquier momento de la vida cotidiana. Por eso el mexicano tiene que tener un cuidado especial al hablar con un alburero. Cualquier frase que diga puede ser interpretada de otra manera y convertida en una ola que lo revolcará y jalará a un océano de juegos mentales y destreza. Que crueles podemos llegar a ser los mexicanos.

Imaginemos una de esas típicas tardes en el centro de la gran ciudad, en donde hay un sol rojo y precioso, que pinta el cielo de naranja. Dos amigos están caminando por el zócalo y a uno de ellos, un pobre ser humano hambriento, con la inocencia de un niño, se le ocurre preguntar:

– ¿Quieres unas dobladas de chorizo?

Una pausa en la que el compañero decide si tomar la frase de buen modo, o si tendrá que pelear por su insultada heterosexualidad. Contesta:

– No, luego repites mucho. Mejor te invito un raspadito de anís.

El amigo, enojadísimo, que su inocente invitación a comer, no solo fue rechazada, si no también usada en contra de su amor a las mujeres, contesta con maldad:

– Pero para tu mamá, que me dijo que tenia calor.

Aquí, querido lector, podemos apreciar como cualquier inocente intercambio puede tornarse en una batalla de frases hirientes. Es importante notar que uno no se puede calentar en estos altercados (me refiero a enojarse, si a usted le excita la idea de tener un chorizo doblado en las tripas, yo no soy nadie para juzgarlo) y aquí también aplica la popular frase “el que se enoja pierde”.

Pero bueno, esta sección es completamente opcional, a menos de que haya sido hipnotizado por mi maravillosa forma de escribir o a menos de que no haya entendido el significado de las frases antes mencionadas (seguro se lo traen de bajada bastante).

Explicación:

Las referencias en este intercambio son varias y multifacéticas. Dobladas son las sabrosas fritangas rellenas de diferentes ingredientes ((similares a las quesadillas fritas pero sin queso) (lo cual es un tema enormemente controversial que se merece su propio artículo)), pero también se refiere a “plegado” . El chorizo, la famosa “salchicha” heredada de los españoles y perfeccionada en Toluca la bella, tiene forma fálica. Repetir, superficialmente se refiere a eructar pero también es rehacer.

Raspado es un inocente postre hecho de pedacitos de hielo y saborisante artificial, en este caso de anís, que es una hierba, pero en este caso la referencia es al nudillo del globo. Y finalmente las buenas intenciones de llevar el frío tentempié a la progenitora del compañero, que esta está sufriendo por las altas temperaturas, se torna obscura cuando la analizamos y llegamos a la conclusión de que en realidad esta ofreciendo un favor sexual a la madre de su amigo que le comento que está muy necesitada de uno.

Dada su naturaleza oculta, el albur, muchas veces, ocurre sin que la otra persona se de cuenta de ello. Y cualquier persona que quiera vivir en México debe de aprenderlo para protegerse a si mismo de ser humillado. Por ejemplo, un chofer de pesero podría ser muy vivo y preguntarte al subirte al camión: ¿Que parada?, aquí uno tendría que pensar muy bien en que decir. Ya que al contestar “hasta el tope”, uno sería recibido por una sonrisa y la humillación de “que te traen de bajada”.

Explicación:

Para los principiantes en esta arte, me vuelvo a ver en la tarea de explicar. “¿Que parada?”, inocente pregunta, que profesionista hace, refiriéndose al destino de su pasajero. Pero en sentido mas insidioso, se podría referir a un miembro viril erecto. La respuesta hasta el tope, seria el nombre de el lugar hasta donde la persona quiere viajar, pero en inconscientemente podría también, estar pidiendo que dicho miembro, le sea introducido hasta que le deje de caber.

Pero, el albur es mucho más que humor crudo. Tiene una enorme y profunda y apasionante y, este… una muy amplia historia antropológica. Algunos dicen que empezó con los mineros de Hidalgo, en la época colonial. Otros se van más atrás, a los cantos religiosos de los antiguos pueblos de Anáhuac. El Cuecuechcuícatl o Canto Travieso, es un canto usado para le re-energetización del cosmos (que sabroso) y juega con dobles significados de un modo sexual, muy similar a lo que hoy conocemos como albur.

Su etimología tampoco está muy clara. Según la poderosísima e infalible RAE, albur, tiene sus raíces en la palabra árabe moro: Albúri. Que viene de la palabra buri: un pez que sale del agua para ser repentinamente capturado por las redes de un pescador.

Y podríamos irnos por lo poético y decir que similarmente el albur te atrapa en una red de palabras de las que no te escapas y no sé que. Pero en realidad yo creo que es algo con menos mamadas. Yo creo que la palabra albur viene del vesre.

¿Qué es el vesre?

Vesre: la inversión, modificación y eliminación de sílabas en un cambio fonético, para crear una nueva palabra. Un ejemplo es la misma palabra “vesre” que es revés. Y así yo teorizo que albur, es simplemente lo que sale de “burla” al ser alterado en el vesre. Albur, burla, al-bur, bur-la. ¿Ven?, no hay necesidad de meter a los árabes y a los peces en esto, pinche RAE.

Pero bueno, ya que tocamos el tema del vesre, tengo ganas de contarles de, el Lunfardo Porteño y el Verlan Parisino, que lo usan mucho y son fenómenos léxicos muy interesantes. Aprovechando que el tema principal de este articulo es la alteración del lenguaje y que es mí articulo y que por eso puedo hacer lo que quiera, les voy a explicar.

El Lunfardo, es una hermoso slang (perdon por agringar pero la palabra “jerga” es horrible) que nace en Buenos Aires, creado (como la mayoría de estas) en los estratos bajos de la sociedad, y altamente influenciada por inmigrantes. Combina lenguas europeas con español y usa mucho el vesre. Sarpar, es pasar; café con leche es feca con chele, aunque chele ya tiene otra connotación que dejo a la curiosidad del lector.

El lunfardo es usado mucho en el tango. Un gran ejemplo de esto es “mano a mano” de Gardel, en donde se encuentra la frase “se dio el juego de remanye cuando vos…” aquí el italiano mangiare (comer) es dividido en sus sílabas man- gia- re-, y las sílabas son campechaneadas. La “gia” cambiada por “ye” para dejarnos remanye que significa “percibir la calidad de una persona”. ¿Qué tiene que ver comer con percibir la calidad de una persona? sepa Dios, pero la próxima vez que vean a un mesero en la condesa pregúntenle.

El verlan tiene una historia parecida al Lunfardo en cuanto a su nacimiento y la misma palabra es una modificación de “à l’envers” (al inverso). Femme (mujer) se convierte en meuf, noir (negro) es renoi, y merci (gracias) es cimer.

Pero bueno, ya nos desviamos mucho de mis preciosos albures.

Tristemente, muchos en México niegan el valor de el albur, tachándolo de vulgar, probablemente por que lo asocian con la cultura de calle. Pero lo que los “anti-albureros (o ¿alburistas?)” no se dan cuenta, es que el albur está presente en todas las clases sociales, y ha sido gran parte de la alta sociedad.

Los autores y poetas más respetados de la historia han jugado con el lenguaje en una similarmente sexual, ocurrente e insultante manera.

Esta sección es reservada exclusivamente para que se la enseñes a la gente que te dice que eres un naco o un vulgar por alburear, o que no te crea que el albur también puede ser intelectual.

Algunos grandototes ejemplos de esto son:

-El poema 205 de Emily Dickenson,

-La confesión de Stephen en la pagina 144 (His sins trickled…) de Portrait of the Artist as a Young Man. Aún que, casi todo Joyce esta plagado de albures, el buen James, era igual de alburero que tu carnicero.

-La interacción que Hamlet y Ofelia, tienen en el acto III de la escena II.

-“La Otra Muerte” de Borges

-El Soneto de Oriana en el Quijote

Y aún que no sé si sea verdad, según la reina del albur, Lourdes Ruiz, hasta la mismísima, Sor Juana Inés de la Cruz, fue seducida por la magia del albur. Este es el supuesto verso:

“No te des a las congojas,

aunque se ponga dura la cosa.

Tu no aflojes el tamal,

aunque te jalen las hojas”

Y ahora, nos ponemos un poco más serios para tocar un tema un poco más serio que toco brevemente, Octavio Paz, en el Laberinto de la soledad y que aquí su humilde servidor tratara de expandir.

La perspectiva que el albur nos da sobre la masculinidad mexicana.

Es importante por que es muy curioso que algo que es casi exclusivamente masculino, sea tan homoerótico. Sin embrago, esto nunca es mencionado o considerado por los participantes, por que ¿qué significaría esto para ellos?

México es un país conocido por su cultura machista, en la que la masculinidad se afirma a través de la agresividad y las mujeres son consideradas vírgenes o putas, veneradas o degradadas. El albur, en mi opinión se convierte en el hoyito de la tetera por donde escapa un poco de la presión que la represión sexual de estas costumbres pone en los famosos machos. Básicamente: “me quiero ponchar a mi compadre, pero como no puedo, pues mejor lo insulto.”

Alburear, es una forma de establecer tu masculinidad, poseyendo a tu rival, pero también te hace un agente activo en un acto homosexual verbal. Creo que eso nos da una perspectiva muy curiosa a lo que es el machismo. Por que el albur, no condena la homosexualidad, condena a la “víctima” o al receptor de el acto. Esto podría ser también, la razón por la cual la castidad de la mujer es tan importante para el macho. El sexo es considerado una dominación unilateral en la que existe una parte mas débil, una parte dominada. Como, Paz, nos dice, “la chingada”.

Bueno, ya acabé. Gracias por venirse conmigo en este hermoso trayecto, y me gustaría aprovechar que lo tengo aquí, para recomendar uno de los libros que deberían de estar en el canon mexicano y el cual fue la inspiración para todo esto: “Picardia Mexicana” del señor Armando Jiménez.

Si a usted le agrado la nota, ahí tiene otras 300 páginas de el mismo tema, escritas por un verdadero maestro. Y por ultimo me gustaría acabar con un shout-out a una leyenda mexicana, el maestro Chava Flores, y sus palabras de el albur:

“La gente que desconoce que es el albur, dice que es una forma lepera, zoes, obscena, de hablar del mexicano. Y mienten como un loable. Puede ser esto cuando no teníamos conciencia. Ahora si tenemos conciencia. El albur, es la forma mas ingeniosa de hablar del mexicano. Somos los únicos en el mundo que hemos podido destrozar el idioma de Cervantes de esta forma.”

Éstos son solo unos pensamientos que agradecen al querido lector ser leídos. El albur es un tema que para mi es muy interesante. Es también injusta y tristemente muy poco analizado. Su méritos literarios, importancia histórica y sociológica no pueden ser negados, y conocerlo bien, es clave para sobrevivir el día a día en la Ciudad de Mexico. Y para acabar eso, le pregunto, usted lector, ¿se lo traga o lo escupe?

Un especial agradecimiento por sus contribuciones a Alberto Huesca, Gabriel Trevilla y Marcus Dewitt.

Héctor Alfonso Maccise Rojo