Hay algo en común que tenemos los mexicanos: respiramos el mismo aire. Sin importar profesión, empleo, actividad, estatus social, género, religión, nadie se librará de los efectos de nuestro propio descuido.

Por años hemos vivido así, pero hoy se nos despierta el sentido de alarma y de previsión pues hemos permanecido pensando que estábamos lejos de vivir un cambio de gran magnitud con efectos impensables. Siempre el tema medio ambiental quedó en segundo plano para ciudadanos e instituciones. La indiferencia, la carencia de normas y sanciones, la falta de políticas públicas y de visión hacia el futuro son factores que han determinado el pasado y el presente de este país y hoy nos ubican en una posición de autoanálisis urgente.

¿Tenemos hospitales suficientes para atender el creciente número de enfermedades respiratorias? ¿Dejaremos la comodidad de los vehículos particulares? ¿Las autoridades ya están dispuestas a sancionar al transporte contaminante? ¿Las empresas comenzarán a tomar medidas ambientales preventivas? ¿El sistema educativo ayudará a despertar conciencia?

O por el contrario, la indiferencia, el conformismo, la pereza y el abuso se apoderarán de nosotros nuevamente y nos acostumbraremos a vivir bajo el esquema de contingencias frecuentes como nuevo estilo de vida  buscando burlar las normas, y la autoridad por su lado, encontrará la manera de sacar provecho de algo tan alarmante.

El futuro que era previsible nos alcanzó y nos alcanzó a todos, ya no hay forma de pensar que mientras no nos pase a nosotros no haremos nada.

Un ejemplo en el Estado de México de acuerdo a la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México, es que el número de empresas con certificación de industria limpia vigente al 31 de diciembre de 2018 es de 124 empresas. Considerando la actualización del INEGI a 2018 son 680,230 las empresas ubicadas en esta entidad federativa.

La falta de obligatoriedad de medidas preventivas, el costo elevado para obtener esta clase de certificaciones y la sobre regulación que tiene agobiado al sector empresarial, son tan solo algunos motivos por los que una empresa no da prioridad a estos temas.

Por qué no actuamos y lo hacemos fácil?  La voluntad de ambos sectores público y privado puede lograr en ejemplos como el anterior poner la pauta para crear normas sencillas de implementar que que sean obligatorias por norma y por responsabilidad, pero que no sean propicias para la corrupción: que se lleven a cabo por convicción.

México con todos los retos y problemas que tiene encima, no necesita comenzar a ver consecuencias terribles de un asunto que si tomamos como sociedad en nuestras manos, seguramente dará una gran muestra del poder ciudadano.

 Laura González. Presidenta del CCE Estado de México