• Contingencia ambiental, consecuencia de actos aún sin asumir

“En la naturaleza no hay recompensas ni castigos, hay consecuencias”, frase del líder político Robert Green Ingersoll, palabras contundentes ante una realidad que nos rebasa y golpea al pasar los días, “Las alteraciones en los patrones de los eventos climatológicos y las temperaturas extremas son cada vez más comunes y aumentarán si hay una mayor concentración de gases de efecto invernadero”, información de la WWF México. La pregunta a reflexionar queda abierta, ¿qué hacemos ante el cambio climático?

La responsabilidad es conjunta, aunque por comodidad es fácil arrojar la culpa a los representantes políticos o populares, por mera ceguera o incredulidad a la aceptación de ser nosotros la pieza elemental de provocar la pérdida de miles de hectáreas de zonas verdes en el mundo, coadyuvando al deterioro ambiental, y es que parece no lo notamos pero somos los primeros en quejarnos, a pesar de que somos causa de la deforestación y explotación de nuestros suelos, la causa que provoca la devastación en la tierra, y los que exponemos nuestras quejas de las alteraciones naturales provocadas por nuestras malas acciones, en hechos simples que hemos vuelto comunes.

Hoy nuestro mundo grita, araña con desesperación nuestros seres para caer en la reflexión de nuestros actos cimentados culturalmente, es momento de un cambio, una revolución y de nuevas inversiones en energías renovables, en la innovación de políticas públicas para la reducción del uso de combustibles fósiles, y la germinación de una cultura desde el núcleo social para el cuidado, protección y prevención de nuestros espacios naturales, todo esto a efecto de erradicar la sobreexplotación de nuestros, y repito, nuestros recursos naturales.

Ahora con una contingencia ambiental activa nos quejamos de malestares en nuestra piel, ojos, cabeza, improvisamos campañas, exponemos las molestias en redes sociales e incluso calificamos de enemigo al prójimo, intentando cambiar, en unas horas, nuestros hábitos que asumimos como ajenos.

En nuestro país se han superado los estándares admitidos el nivel de partículas nocivas en el aire. Resulta lamentable que según la Comisión Estatal de Parques Naturales y Áreas Protegidas y de la Fauna (Cepanaf) “en el Estado de México se pierden anualmente en promedio 2 mil 650 hectáreas de bosques, mayormente por asentamientos humanos irregulares en áreas naturales protegidas, lo que consecuentemente trae un deterioro ambiental”. Y todo acrecienta, tan sólo el pasado 2018 nuestro país se colocó en la tercera posición de la lista de los países más contaminados de América Latina, según el reporte del portal ambientalista Airvisual.

¿Será que la contingencia ambiental activa se genere una real conciencia de los malos hábitos que hemos tenido y hoy nos cobran factura?

 

Pepe Abadiano T.