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El espíritu de los Independientes


Luz del Alba Belasko

 

Ya dado el silbatazo inicial para que los partidos comiencen a preparar sus alineaciones para candidatos en 2018; para la meta mayor (la Presidencia de la República) así como gubernaturas y de ahí alcaldías y otros puestos, muchos jugadores que quedaron fuera (y a veces ni en la banca) por decisión del técnico en turno, dejan su partido y se inscriben, a última hora como freelance, para ocupar algún hueso que les sirva de consuelo.

A esto último, postularse de esa forma, el INE y aparatos que lo acompañan, le llama “candidato independiente”.

Una figura de oportunidad política a la que —como siempre— las autoridades electorales dejaron goteras por doquiera. Supone, el espíritu de esta ley, que un candidato ciudadano, candidato cívico o candidato independiente, es aquel postulante, usualmente a algún cargo político de elección popular, que no pertenece a un partido político ya existente en el lugar donde presenta su candidatura.

Se le denomina “cívico” por realizar su candidatura al margen de los partidos políticos existentes, puesto que en una democracia los ciudadanos tienen el derecho inherente, universal e inalienable de postularse a los cargos de elección popular.

Usualmente (el candidato) no dispone de los medios materiales y personales propagandísticos propios de un partido, ni cuentan con una base de votantes habituales. La posibilidad de presentarse como candidato independiente y las condiciones requeridas para ello, depende de las normas electorales del lugar.
Esta ley, inexistente cuando el impopular Jorge “Güero” Castañeda pretendió ser candidato a la Presidencia, y el IFE entonces se lo prohibió por no estar contemplado dentro de sus estatutos, ahora funciona —se decía— con más grietas en el techo que un camión urbano de segunda.

Como siempre, los genios del INE parecen incapaces de prever asuntos como los que hoy se presentan ¿Cuáles son estos asuntos? Que los postulantes a “candidatos independientes” de hoy, en su mayoría, no encajan en la definición arriba citada (que es transcripción de lo que el INE mismo promueve).
Más bien hoy los candidatos “independientes” que aspiran a la Presidencia de la República, a alguna gubernatura o alcaldía, o son, los que han sido corridos de sus partidos, o bien que en ese mismo partido no los pelaron para el puesto que ellos querían y —berrinche de por medio— se fueron a la independencia en busca de la Presidencia de la República en 2018.
Esto es, tenían partido pero ahora ya no. Ese no es para nada el espíritu que la ley marca para un candidato independiente.

Todo lo anterior, al INE le vale un cacahuate. Que se rompa con ese espíritu de ley que él mismo estableció, es muy grave para quienes compiten con pocos recursos. No pudo este Instituto —como siempre— advertir que pasaría esto: que los de colmillo retorcido, con recursos vastos para competir, con antecedentes políticos que les crean enormes y tramposas ventajas sobre los demás.

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