Un recorrido por la historia de el cine en México.

Parte I

El cine Mexicano, igual que la selección de fútbol, sirve como una cruel metáfora del país. Un espacio lleno de potencial, que en algún punto, llegó hasta la cima y como, Icaro, se quemó con el potente sol y cayó de regreso a la tierra.

Pero antes de continuar con esta nueva travesía, hay dos cosas muy importantes que tiene que saber lector. La primera, es la grandísima noticia que gracias a su apoyo y afán por las vulgaridades, el ensayo pasado: “El enorme genio del albur” . Me aseguró un lugar (casi) permanente en este periódico, en una columna semanal.

Entonces, todos los martes siéntese y póngase cómodo, mientras le lleno la cabeza de puras cosas interesantes.

La segunda, es que después del ensayo pasado fui informado por los editores (y mi abuelita) que gran parte de mi cuota mensual de groserías se me está acabando. Pero gracias a la amabilidad de mi editor todavía me quedan cuatro. Entonces tendré que usarlas con cuidado o escondérmelas mejor.

Pero bueno. Todo buen Mexicano sabe a que se refiere uno cuando habla de “La época de Oro de el cine Mexicano”. Esa época donde el color faltaba, la música reinaba y los charros y las adelitas eran nuestros héroes.

Un cine único, una oportunidad de independencia, una rebelión de orgullo—resumido como metáfora en una frase de Pedro Infante:

“Yo sé quien soy, y no me parezco a nadie.”

Todo comenzó un hermoso día de junio del año 1896. Cuando a la Ciudad de México llegaron los franceses, Gabriel Veyre y Claude Ferdinand Von Bernard, mandados por los hermanos, Lumière, para promocionar su invento nuevo: el cinematógrafo.

Miren nomas que galan Gabriel Veyre a la revolucionario

 

Los dos franceses no perdían su tiempo y fueron directo con el mandamás de ese entonces: el general, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori. Esto para tratar de convencerlo de que invirtiera en la idea.

Y pues después de unas proyecciones privadas (y seguramente con ayuda de su francés apantayante) enamoraron al bigotón de la idea. Le gustó tanto, que de hecho, él mismo fue protagonista prin-ci-pal de la primera película grabada en México.

Es más, para que le den un cale a esta pieza de historia y vean como se ve una película de 1896, aquí se las dejo enterita. No se las quiero spoilear, pero se trata de Don Porfirio Diaz paseando a caballo en el bosque de Chapultepec y se llama, “El presidente de la república paseando a caballo en el bosque de Chapultepec”:

Y sí, eso es todo (que casualidad que Don Porfirio dura casi 31 segundos tomando poder de la pantalla).

Ésta fue la flama que prendió la mecha del cañón del cine Mexicano. Con apoyos del gobierno, los franceses hicieron otras 35 películas. Todas con unos nombres tan seductores y rimbombantes, que en cuanto los lea, va a querer irse corriendo a la Filmoteca de la UNAM para poder deleitarse de manjares visuales como:

“Carmen Romero Rubio de Díaz y familiares en carruaje en el Paseo de la Reforma”
“Escena en los baños Pane”
“El Presidente de la República despidiéndose de sus ministros para tomar un carruaje”

Y entre todos éstos, hay unos más interesantes como, la importante “Llegada de la campana histórica el 16 de septiembre”, y unos más entretenidos como “Un duelo a pistola en el Bosque de Chapultepec”, que como dice Enrique, en los comentarios de Youtube, es “El capitán America Civil War de los bisabuelos”.

Un rato después empieza la revolución y blah, blah, blah, blah, blah. Ustedes ya se la saben. Pero lo que sí pasa, es que pa’ ese entonces, el cine ya tenía su público y podía funcionar (como México) independiente de Don Porfirio.

Y como hijo rebelde que le pega a su papá abusivo, la industria del cine Mexicano lanzó un puñetazo al mundo como diciendo: “Yo puedo vivir solito y no te necesito”.

En 1931, salió lo que muchos llaman la película mexicana más importante de la historia: “Santa”.

“Santa”, fue tan importante porque no solo fue la primera película mexicana, sino de todo Latinoamérica que tenía sonido (en realidad es más complicado que eso, pero no quiero ponerme a explicarlo), así como el primer éxito en taquilla.

La película del director Antonio Moreno, fue la que empezó la relación de el cine Mexicano con la literatura (se basó en una novela de Gamboa) y la de la música con el cine (Agustín Lara compuso “Santa”: “En la eternaaa nocheeeee, de mi desconsueloooo. Tú has sidooo la estrellaaaaaa…” hasta ganas de llorar dan, caray).

Entre este tiempo no se puede olvidar cuando llegó el ruso de los pelos locos a México: Sergei Eisenstein. Para los estudiantes de cine que se me emocionaron de más con leer ese nombre, váyase a echar agua fría en lo que explico rápido y se nos pueden volver a unir en el próximo párrafo.

Que galan mi Sergei Eisenstein

Eisenstein, es uno de los directores de cine más importantes de la historia y el hecho de que estuvo en México, es algo sumamente especial. Para el lector casual: es como si, Pelé hubiera jugado para el Cruz Azul.

El director ruso vino a México después de que unos proyectos en Estados Unidos de América valieron queso. Inspirado por su gran amor al país y por su amor a distintos artistas que más tarde se harían sus amigochos (Frida Kahlo, Diego Rivera, Siqueiros). Eisenstein, se puso a grabar una ambiciosa película llamada “¡Qué Viva México!”.

Pero después de muchas complicaciones, el gobierno de Stalin, lo mandó llamar y abandonó el proyecto.

Hoy existen muchas versiones que usan las casi 50 horas de rodaje original para crear algo que se aproxime a lo que Sergei tenía en mente: una larguísima película dividida en 6 partes que narra la historia de México, desde los Aztecas hasta la revolución.

Pero regresando a Santa. Ayer decidí ver la película porque, ¿qué tipo de reportero sería yo si no veo lo que recomiendo? La verdad, es una gran película y no ha añejado nada mal. Aparte de que el sonido está disparejo (por la técnica que usaron y no me molesté en explicar) y hay una escena (que me va a perseguir hasta en mis sueños) donde llega un señor vestido de traje con una macabrísima voz de robot a decir: “y si te pago para que te desnudes y bailes desnuda”, está muy bien hecha.

La cinematografía muy buena, en especial me gustó la escena donde “Santa” está rezando y la luz de una ventana hace que parezca que tiene un halo. Y el guión también está muy bien hecho, las escenas del ciego en especial me encantaron. Si se animan, aquí les dejo un link: para que la vean, no está muy larga y le van a poder presumir a sus amigos que son todos unos cinéfilos (que horrible y pretenciosa palabra).

(Santa 1931)

Y después de eso, el cine sigue creciendo y creciendo. En 1936, Fernando de Fuentes, el más importante director de esta época, saca la espectacular “¡Vámonos con Pancho Villa!”. La película es una joya, la cinematografía buena, el dialogo excelente (especialmente la parte en la que discuten los entierros que les gustaría) y las escenas de guerra bastante ambiciosas, especialmente para la época.

La película también es una gran ventana a las opiniones de la época sobre la revolución y un gran comentario en la forma en la que idolatramos a los héroes históricos. Si se anima a verla le recomiendo la versión normal, pero también vea el final alternativo (que en realidad es el original y que censuraron por razones que usted va a poder deducir fácilmente).

Los indomables Leones de San Pablo (¡Vamonos con Pancho Villa! 1936)

Y en 1939, llegamos a la parte que todos estábamos esperando: el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Suena más tétrico de lo que quería, pero a lo que me refiero con eso es que el principio de la guerra fue el momento en que el cine mexicano pudo haber crecido tantísimo. Déjeme le explico rápido; le juro ya casi llegamos a hablar de sus personajes tan amados.

Muchos dicen que al cine mexicano le fue muy bien porque Estados Unidos no podía concentrarse en hacer películas por estar bien concentrado en matar alemanes. Pero esto no es verdad, al cine mexicano le fue bien porque:

(A) Nos aliamos con los gringos y siendo ellos bien vivos, nos dieron mucho apoyo en el cine para que les hiciéramos propaganda.
(B) A los otros países con una industria de cine que crecía (Francia, Italia, Argentina), si les dio en toda la madre la guerra y no pudieron avanzar.
(C) Las películas que hacían los gringos eran casi todas de guerra y de temas realistas que al parecer, al mexicano le importaban una chingada (nos quedan tres groserías, ánimo), entonces no había mucha competencia por nuestros bellos ojitos en las pantallas.

Y pues gracias a todo lo anterior, el boom del cine mexicano comenzó, y nos llevó a la dorada y añorada época. Pero para explorar eso, nos vamos a tener que esperar al próximo martes. Mientras les dejo de tarea las películas mencionadas.

Muchas gracias a Luigi Zanetti, Yuri Cantu, Marcus Dewitt y Alejandra Lugo por sus aportaciones.

Héctor Alfonso Maccise Rojo