Este fin de semana se realizó la trigésimo octava edición del Maratón de la Ciudad de México… con 42 mil 195 metros por recorrer pero también con el mismo número de inscripciones, un hecho sin precedentes.

Fue la sexta edición promovida por el Instituto del Deporte de la Ciudad de México y su director, Horacio de la Vega, pero también representó la conclusión de una gestión del gobierno capitalino y, por si fuera poco, fue la competencia en la que los atletas completarían la palabra “M-E-X-I-C-O” a través de las medallas que se entregaron cada año, este 2018 fue la “O”.

Es decir, el Maratón de la Ciudad de México 2018, era la cereza en el pastel, por lo que el comité organizador solicitó a la Federación Internacional de Atletismo (IAFF), la evaluación del evento para lograr la certificación oro, máxima distinción que puede obtener un evento de esta índole.

Lo bueno viene aquí, porque me parece un gran logro del comité organizador haber alcanzado ya la trascendencia del Maratón CDMX a nivel internacional y obtener las distinciones bronce en 2015 y plata en 2017; sin embargo, es una pena que en este momento esté tambaleando la certificación oro, nada más y nada menos que por la poca ética de miles de corredores que el domingo pasado no salieron de la meta, pero sí recogieron su medalla que presumen en redes sociales.

Es una vergüenza que en nuestro país haya este tipo de pseudodeportistas que son capaces de tratar de burlarse del sistema, con el fin de recibir una medalla conmemorativa y poderla presumir entre amigos y quizá familiares.

Esta situación inició, principalmente, en 2017, cuando cientos de corredores fueron evidenciados a través de las redes sociales y la aplicación móvil del evento, donde se mostraba que tomaron la salida pero el chip no volvió a registrar puntos intermedios, sino hasta la meta, lo que generó indignación en el mundo del running.

En la edición 2018, parece que la historia se repitió, pero ahora, según el twitter de Horacio de la Vega, solo 29 mil competidores tomaron la salida en el centro de la capital mexicana aunque fueron muchos los que recogieron su presea sin merecerla, lo que me parece que es “comprar” una medalla y no tiene ningún mérito, ya que hubo 42 mil 195 inscritos, como comenté al inicio de esta opinión.

Ganar una medalla representa un logro personal, no sólo es formar parte de la estadística sino realmente romper nuestros propios límites, desde quien lo hace en una carrera de 5 kilómetros hasta quien lo consigue en una distancia mayor.

Y aunque el Maratón de la Ciudad de México está en busca de ser considerado uno de los mejores del mundo en todos los sentidos, contemplando la ruta segura, producción de televisión y tener participación de atletas elite oro, esto viene a manchar la gran organización y expectativa del evento, que además quiere compararse con los maratones más sobresalientes del mundo, como el de Boston, Chicago o Barcelona, que forman parte del World Marathon Majors.

Lamentablemente, creo que este tipo de acciones de miles de mexicanos surge desde una mala educación en nuestro país, de ausencia de valores y de ética, aspectos que se aprenden en casa y después en el desarrollo académico, es por ello que nuestro país, en distintos aspectos, es tercermundista y no se pone a la altura de países como Estados Unidos o España.

Esperemos que esta mancha del maratón sea corregida el próximo año a través de una campaña previa de concientización, que haga reflexionar a los tramposos para evitar que el Maratón de la Ciudad de México suene más por estos actos que por la gran organización.

Roberto Ramos