Cuando vemos los fracasos de la Selección Mexicana de Futbol mucho nos preguntamos, ¿por qué siempre es la misma historia? ¿Qué pasa con nuestro equipo? ¿Por qué no puede mejorar su nivel competitivo?

Cada cuatro años, en las Copas del Mundo, máximo evento del futbol, la afición mexicana espera que el Tricolor mejore su participación y alcance la clasificación a los cuartos de final o lo que es lo mismo, el famoso quinto partido, pero algo sucede y me parece que mucho tiene que ver con las pocas oportunidades que históricamente se presentan para jugadores mexicanos y principalmente delanteros, extraídos de fuerzas básicas de los equipos del balompié azteca.

Ha sido una constante que en nuestro país hay mucho talento en las categorías inferiores de los equipos del futbol mexicano, sin embargo, cuando estaban prácticamente listos para debutar y tomar confianza en el máximo circuito, resulta que los propietarios, directores deportivos y presidentes, toman la decisión de gastar millones para contratar a jugadores sudamericanos, principalmente delanteros, muchos de ellos que llegan a vacacionar pero lamentablemente el futbol se convierte en negocio y se poner por encima el aspecto comercial ante el deportivo, pues al integrar a extranjeros a nuestro balompié, genera mayor expectativa entre los seguidores de los equipos, logran mayor aforo en los estadios y más televidentes, lo que al mismo tiempo se convierte en un círculo vicioso, pues eso a su vez da oportunidad a cerrar más y mejores convenios con socios comerciales y quizá sí… en lo económico se gana pero definitivamente en lo deportivo se pierde, es una de las principales razones por las que la Selección Mexicana no tiene la oportunidad de elegir entre varios jugadores de alto nivel competitivo sino que escoge “lo que hay”, que generalmente serán los que militan en el futbol europeo.

Me parece que la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut), así como los propietarios de los clubes del balompié azteca deberían sacrificar aún más los aspectos económicos y ser pacientes, pues los éxitos deportivos, sin duda, a largo plazo generarán mayores recursos económicos.

No podemos olvidar que, definitivamente, los directivos del futbol mexicano están conscientes de la situación y a “regañadientes” han implementado estrategias para conseguir mejores resultados deportivos: justamente a partir de este torneo Apertura 2018, el Artículo 26 del Reglamento de la Liga MX sólo permite que los equipos del máximo circuito utilicen 12 plazas de extranjero, a diferencia de los torneos anteriores cuando se enlistaban hasta 20, además, se complementa con el regreso de la regla 20/11, que obliga a los clubes a alinear a jugadores en ese rango de edad por 1000 minutos durante todo el torneo; acciones que me parecen benéficas para nuestro deporte pero que no son suficientes para conseguir el éxito deportivo.

Si nos ponemos más exigentes, hacer dos torneos en un año no ayuda en lo deportivo aunque sí en lo comercial, porque hay mayor expectativa de la afición, se viven dos liguillas, dos finales y dos campeones por año, pero bien se podría ver solamente un torneo largo como se hace en las ligas europeas o en Argentina, y así luchar por los aspectos deportivos.

Esperemos, por el bien de nuestro futbol mexicano y el representativo Azteca, que la Femexfut y los propietarios de los clubes sean más condescendientes, que se atreven a ser pacientes y dejar de pensar un poco más en los aspectos comerciales y económicos para sobreponer los temas deportivos, sólo así veremos a la Selección Mexicana llegar a un quinto partido o hasta una semifinal; creo que con cambios sustanciales se podría lograr en la Copa del Mundo de 2026, que por cierto, se realizará en sedes compartidas entre México, Estados Unidos y Canadá.

Por Roberto Ramos