Querido Lector, es martes y son las 3 de la mañana, no tenia una nota preparada para hoy ya que los exámenes me han castigado como el Marqués de Sade a alguna francesa de el siglo pasado, pero no por eso lo voy a dejar sin nota. Entonces por cuestiones de tiempo y por que me espera puesta en mi tele la hermosamente pretensiosa  “Les Invasions Barbares”, decidí re-freír unos pensamientos que tuve hace un tiempo y que quería incluir en la nota pasada (le dejo el link) pero no pude por cuestiones de espacio. Originalmente quería argumentar que Juanga nos trae esa muy necesitada unidad a los mexicanos, pero en vísperas de que va a revivir, mejor solo tomemos este espacio para relajarnos en estas ultimas semanas de el año y disfrutar.

Sin mas preámbulos le pido que esté donde esté, tome asiento, se ponga cómodo, deje todo por un momento y preste atención. No importa si está sentado en el metro, en un coche por Reforma, a media protesta en la UNAM, en la fila de las tortillas, esperando a que el taquero lo atienda o viendo al Ángel de la Independencia desde la parada del micro o desde las alturas de su oficina en Reforma. Lo único que importa es que se relaje, se ponga sus audífonos o le suba a sus bocinas, le ponga play al video de abajo (si van en transporte público sí pónganse audífonos o esperen a llegar a su casa, no sea así) y lea mientras escucha—dejando atrás todo lo demás.

Sí, andele, así exactamente. Ahorita va a ver la hermosa cara de mi compadre Enrique Patrón de Rueda al que queremos mucho. Ok, ahora relájese, respire, disfrute de las cuerdas, de esos violines tocados por las manos más talentosas del país y ese tic-tic-tic que no sé de dónde viene pero aaah que bonito suena y ahora la trompeta… la trompeta que anuncia en la cabeza “No Discutamos”.

Acuérdese… acuérdese, mientras entra el coro, de algo que le gusta de México, de algo bonito. Una caminata por el Zócalo, una bolsita de papas con Valentina, un beso salado en la playa de Huatulco, el sonido de los globos chocando en Chapultepec, un tequila con limón en Garibaldi, el fideo seco de su abuela, la cara del Chucky Lozano, un grito en un palenque, al Perro Aguayo… lo que sea… lo que sea, el chiste es que se acuerde y ahora que ya esta en paz mental ahí le van las pinches trompetas y aaaaaaah respire. Ya esta un poco de mejor humor, ¿apoco no?

Pues bueno, mientras la orquesta sinfónica nacional nos acompaña de fondo, platiquemos un poco de Juanga y su épica vida. Alberto Aguilera Valadez nace el 7 de enero de 1950 en la bendita tierra de Parácuaro Michoacán, pero a los 7 meses de edad su madre se lo lleva a vivir a Ciudad Juarez, después de que su papá es internado en una clínica psiquiátrica. A los 5 años, los problemas económicos de la familia se hacen demasiado grandes y su madre decide meterlo en un orfanato. Es aquí donde conoce al profesor Juan Contreras, al que le dedico la primera parte de su nombre artístico (la segunda fue a Gabriel su padre) y el que le enseña a tocar la guitarra y el piano EN UNA TABLA CON LAS TECLAS PINTADAS.

A los 16 años, con la soledad en el corazón y sin un peso en la bolsa—pero con 100 canciones a su nombre—Juanga se va a deambular por el país en busca de alguien que lo escuchara. Pero tristemente, el momento de la gloria todavía no le llegaría y sin éxito regreso a Juarez donde consiguió trabajo lavando la ropa de las señoritas de la noche. Y fue ahí que con las manos llenas de jabón y brillantina, la suerte le sonrió por primera vez cuando le dieron la oportunidad de cantar en un lugar de el cual estoy seguro usted ha escuchado Querido Lector: El Bar Noa Noa. (Pausa para esperar a que empiece y poder disfrutar de ese bello solo de saxofón mientras procesa que Juan Gabriel aprendió a tocar el piano en un pedazo de madera con tinta). Ahora a seguir al coro. Adiós amoor, adiós amoor te vas… Bueno, sigamos. En 1970, con un poco de éxito local como combustible, Juanga se va a la CDMX en busca de hacerla en grande. Pero sus sueños se quedan atrapados bajo sus párpados y solamente los vive en la Villa de la Virgen, La Alameda, la central de autobuses y la estación de ferrocarriles—los lugares donde tiene que dormir a falta de dinero.

En una noche especialmente triste, en una fiesta pide una cama para reposar. Unos tiras y los gritos que lo acusaban de haber robado lo despiertan y sin poder siquiera echarse un cafecito es llevado al tambo. Ahí se queda un año y medio y se dedica a componer muchas de las bellezas que hoy en día todos llevamos en el corazón. Cuando por fin sale, la suerte comienza a sonreírle y RCA le da un contrato con el que logra sacar su primer disco “El Alma Joven”. Y con los aplausos que ahorita debería de estar escuchando Querido Lector, le puedo decir que lo que sigue… lo que sigue es historia.

Bueno, ahora que ya terminamos con la primera parte y ya anda usted de mejor humor después de el titulo, le voy a contar por que chingados estoy hablando de Juan Gabriel (y no, no es por los rumores de que va a revivir ), pero primero necesito que me haga favor de ponerle pausa a el otro video y darle play a el de abajo.

Y ahora que estamos listos. Con la hermosa voz de el Divo de Juarez de fondo, le cuento: ¿por qué?

El show es muy bonito, si, pero ¿que tiene que ver esto con la división y el tribalismo?

Un cantante sin estudios que supero con la esperanza en los ojos la tragedia de la vida; una persona que nunca escucho a las voces que lo querían encapsular en una palabra—joto, naco, cantante pop, pobre, puto; un hombre que logro crear algo tan puro que unió a los polos opuestos con el sentimiento; un cabron que en una sola noche logro mezclar una banda de niños de una escuela de Chihuahua, un tremendo mariachazo, la orquesta Sinfónica, los albures, el coqueteo, el baile sensual, la brillantina, los chistes y hasta la guitarra eléctrica, encima de un escenario que no había sentido nunca antes los pies de un cantante “popular”.

El primer concierto de Juan Gabriel en Bellas Artes fue unos de esos momentos que puede servir como metáfora de nuestro Mexico. Un cacho de el tiempo y el espacio, marcado por tragedia pasada, en el que nada debería de funcionar, pero que sin embargo, unidos por el zarape colorido de la Mexicanidad, esa posible cacofonía se convierte en una hermosa sinfonía que transciende la diferencia de ideales y creencias y nos une en la obscuridad pura de las sombras a las mil y una soledades que gritan juntas un mismo sentimiento: ¡Viva Mexico, hijos de la chingada! Y por eso Querido Lector, por eso escribí esto. Por qué creo yo que a pesar de que ese sentimiento es pasajero, ese sentimiento es importante; y hoy, en los momentos que parece que el pais se esta partiendo en dos, acordarnos de lo que se siente es más importante que nunca. Por qué recordar es existir y recordar nuestra unidad es existir en ella y eso Querido Lector, es lo que el pais necesita ahorita… aunque sea por quince minutos.

Y para acabar Querido Lector, lo dejo con este “do de pecho”. (minuto 11:23)

Hector Maccise Rojo

Un agradecimiento especial a el canal de YouTube “Histeria” y a su video sobre Juan Gabriel que sirvió como inspiración para este articulo y cuyo contenido biográfico fue una de nuestras fuentes principales. Si quieren aprender más sobre la fascinante vida de El Divo De Juarez o cualquier otro músico, se lo recomiendo muchísimo. En serio es uno de los mejores canales en Youtube. Link aquí