Vaya complicaciones que se le están presentando a Alfredo del Mazo como gobernador del Estado de México, su administración se verá acorralada luego de los cambios anunciados por Andrés Manuel López Obrador para su nuevo gobierno, básicamente el tema de las coordinaciones estatales le viene como una patada en salva-sea-la-parte porque los recursos los tendrá que negociar con la contendiente a la que venció en las urnas: Delfina Gómez.
Del Mazo ( o sus asesores) parecen no estar dimensionando el tamaño de problema que se les está viniendo, no para el 1 de diciembre cuando AMLO tome protesta, sino para septiembre cuando llegue el relevo en la Legislatura local a la que ya no podrá controlar ni manipular de ningún modo.
Hasta antes del anuncio de López Obrador, el gobierno estatal había previsto en las mesas correspondientes que los legisladores de Morena buscarían eliminar el Programa de Apoyo a la Comunidad (PAC) mediante el cual los diputados de todos los partidos “gestionan” recursos al Ejecutivo (hasta 2.5 millones de pesos por diputado) mismos que son entregados vía la Secretaría de Finanzas.
Este tema de PAC ha generado controversia y posiciones encontradas entre los diputados ya que en Morena acusan que son recursos discrecionales que sirven para que el Ejecutivo pueda tener bajo control al Legislativo y negociar la aprobación o no aprobación de distintas iniciativas según la conveniencia del gobierno y no de la sociedad; ahora que serán mayoría, se prevé que ese recurso ya no se incluirá en el Presupuesto de Egresos.
Las estrategas delmacistas consideraron que, entonces, esos recursos podrían quedar “guardados” en alguna partida de esas complicadas de explicar en la Secretaría de Finanzas que les permita mantener la entrega de recursos discrecionales a los diputados de la bancada tricolor e, incluso, a los presidentes municipales que lo requieran, como mecanismo para intentar recuperar espacios en tres años más.
La sorpresa para el gobierno mexiquense es que los recursos ya no les serán entregados directamente a ellos sino a una coordinación estatal que determinará (no se ha detallado cómo o bajo qué criterio) la entrega de los recursos destinados para la entidad, una medida que convierte a estos coordinadores en vicegobernadores de facto con capacidad de operación y maniobra para interferir en las decisiones de las entidades.
La mayoría morenista en el congreso local y federal literalmente podría ahorcar al gobierno de Del Mazo en la parte económica además de presionar para una fiscalización más severa, tanto a su administración como a la de su antecesor, en la búsqueda de irregularidades inexplicables como la ausencia de medicamentos en las dependencias del sector salud.
Por otra parte, existe la inocente intención de empezar a construir la imagen de que el gobernador mexiquense resultó fortalecido con los resultados electorales del pasado 1 de julio, una falacia que esperan se convierta en realidad de tanto repetirse.
La idea es posicionar el mensaje en distintos medios de que el mandatario mexiquense será un gobernador con presencia y fuerza dentro del priismo nacional una vez que desaparezca la figura del primer priista del país; sin embargo, no se le ve por donde, en el escenario próximo futuro, Del Mazo pueda consolidar algún tipo de fuerza: peleado con el grupo Ecatepec, con los videgaraycistas y con parte del grupo Atlacomulco (quienes no le perdonan haber permitido la derrota en el mítico municipio) se antoja muy complicado.
Por si esto no fuera suficiente, la soberbia del grupo cercano al gobernador no le ayuda en absoluto para recuperar los quereres agraviados, al contrario, comienzan a construir un abismo insondable que estaría dejando al mandatario mexiquense cada vez más solo, aislado, alejado de la realidad y en un alto riesgo de convertirse en el primero de su estirpe en ni siquiera estar considerado para la elección presidencial de 2022.

Para quienes entienden del tema, el verdadero y real problema que tiene Alfredo del Mazo es la carencia de un equipo. Llegó solo a la gubernatura, acompañado quizás de un puñado de allegados, ninguno de ellos con banderas de operador y además algunos disminuidos por las decisiones tomadas en el proceso electoral (dicen que para explicar la derrota no solo hay que ver hacia el CDE del PRI —aunque sí tiene la mayoría de la responsabilidad— sino también hacia el DIFEM… dicen) y solitario sigue, más aún tras la derrota.
La máxima dice que con el ganador todos y con el perdedor nadie y a Del Mazo se le achaca la derrota de la entidad, sin operadores, sin proyectistas y con una oposición que será primera fuerza en la que, para colmo de males, hay mucha experiencia entre sus filas dado que se encuentran varios de los viejos lobos de mar que en su momento fueron desdeñados.
“Para terminarla de acabar” en el priismo nacional se espera que sean los de la vieja guardia quienes retomen el control del partido y pongan orden en la casa; los Manlio Fabio Beltrones, los Osorio Chong y en general todos los que se mantuvieron al margen en el proceso presidencial y que regresarán para hacer a un lado a los tecnócratas y encaminar al priismo de nueva cuenta a su camino.
No, el mandatario mexiquense no la tiene sencilla ni se vislumbra un escenario en el que pueda fortalecerse de algún modo mágico para pensar en influencia y poderío en el ámbito de lo nacional. En el ajedrez político, Del Mazo requiere jugar con piezas que no tiene y no se le ve por dónde pueda haber forma de conseguirlas, quedó atrapado entre las olas y se encuentra a la deriva en un mar cuyas corrientes no parecen querer sumarlo porque, parafraseando, hay estirpes que no tienen segundas oportunidades sobre la tierra.

J. Israel Martínez Macedo