Una y otra vez la pregunta crece y se hace más común: ¿qué carajos está pasando en la Universidad Autónoma del Estado de México? El miércoles es encontrado el cuerpo sin vida de una de sus estudiantes en el Parque Sierra Morelos, la comunidad universitaria se dijo indignada y surgieron verdaderas historias de terror sobre la inseguridad en los alrededores de las escuelas, principalmente Ciudad Universitaria, y la Uaeméx sigue como si nada.

El caso de la desaparición y muerte de Areli Lizbeth Salazar Segura no debe pasar desapercibido de la comunidad universitaria; después de que corrieran cualquier cantidad de mensajes denunciando su ausencia, el miércoles encontraron su cuerpo sin vida y ayer corrieron los rumores (ojo, son solo eso, no ha habido una versión oficial de la fiscalía mexiquense) de que se le está dando trato de suicidio por haber encontrado el arma y balas sin utilizar en el lugar de los hechos.

Suponiendo sin conceder que en realidad se trate de un suicidio, algo está pasando en las aulas de la Uaeméx que los alumnos están optando por esta práctica recordando que en febrero de este año un estudiante decidió quitarse la vida arrojándose al vacío desde la punta del Cerro de Coatepec (donde se encuentra Ciudad Universitaria), en su momento se dijo que había sido encontrada una carta póstuma donde explicaba los motivos de esta decisión.

Serían ya dos casos de suicidio de estudiantes de la Uaeméx en aproximadamente tres meses, en la primera ocasión las autoridades universitarias se apresuraron a asegurar que hay servicios de atención a los estudiantes y que esto no se trataba de una tendencia; de confirmarse que la muerte de Areli fue suicidio, se vendría abajo esta versión.

Sin embargo, y hasta no haber un pronunciamiento oficial de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) el caso sigue abierto y las líneas de investigación son diversas, contrario al caso de febrero en donde no solo se mantuvo la secrecía del nombre y facultad de procedencia del estudiante que murió (aunque después trascendió que se estudiaba en la Facultad de Ingeniería) sino que hubo celeridad por cerrar la investigación y dar carpetazo como suicidio y nada más se investigó.

La muerte de Areli difiere de la de febrero porque en el momento en que se supo del hallazgo de su cuerpo, las redes sociales de los universitarios se llenaron de verdaderas historias de terror sobre lo que pasa en los alrededores e incluso en el interior de Ciudad Universitaria y, en general, de los centros de estudios universitarios.

Historias que cuentan cómo una estudiante se salvó de una agresión física y robo debido a una distracción de su atacante lo que le permitió huir o el caso de otra chica que a escasos metros de llegar a la Biblioteca Central fue asaltada mientras su atacante la sujetaba por el cuello y amenazaba su vida con un arma punzocortante.

Es normal que la indignación de la comunidad universitaria (que dicho se ha de paso, no se traga el cuento del suicidio de Areli) se manifieste en estos espacios pero se vuelve incomprensible que ante la situación que viven los universitarios no haya pronunciamientos más fuertes ni tampoco acciones más firmes de los propios estudiantes, ya no se diga de los maestros.

Una situación así en otra época o incluso en otra universidad ya habría generado la toma de las calles en manifestaciones multitudinarias donde los estudiantes y maestros se unieran para exigir garantías de seguridad al ayuntamiento y a las propias autoridades; por el contrario, los docentes/investigadores se mantienen en sus cubículos a la espera no ser un dolo de cabeza para el sistema del cual dependen sus ingresos en tanto que los estudiantes prefieren callar a perder la posibilidad de sus estudios.

Así las cosas, hoy vemos una comunidad universitaria doblegada, domesticada, ajena a la problemática social propia, escondida detrás de los escritorios y los pupitres esperando no ser cada uno, en lo individual, víctima de otro atraco o intento de secuestro era o dentro de las instalaciones mientras en el centro de Toluca, lejos de donde está la problemática, las autoridades siguen ocupadas en lograr una reforma a la ley que en nada resuelve o responde a la situación y necesidades de la comunidad.

Hoy la Universidad está donde está porque la comunidad lo ha permitido, los hechos de la estafa maestra habrían sido motivo para que cualquier universitario se ofendiera por lo que le estaban haciendo a su institución, se demandara una investigación profunda y la destitución del rector en turno, hoy nada ni nadie toca el tema, se volvió un tabú del que todos son cómplices silenciosos.

La Uaeméx perdió su vida, su enjundia, su fuerza y, en cambio, ha doblegado las manos por conveniencia; se encuentra en una severa crisis económica pero también en una dolorosa crisis de valores fundacionales que la alejan de ser el crisol donde se forjaban los hombres y mujeres que dirigirían los destinos del estado; no es una mera añoranza del pasado, es una remembranza de lo que algún día fue y nunca debió permitirse perder:una universidad viva, sólida, unida, influyente pero sobre todo, comprometida con el sentir social.

J. Israel Martínez Macedo