Precampañas de soberbia

18 de enero de 2018

J. Israel Martínez Macedo

La soberbia puede ser la peor consejera en un proceso electoral y hoy la cúpula priísta lo debe reconocer después del reporte de la encuesta de Mitofsky en el cual el candidato tricolor fue el único que ha perdido apoyo en tanto que Anaya y AMLO mostraron un crecimiento importante a pesar de las desbandadas de panistas y perredistas en los últimos días.

Y es que queda

Claro que la cúpula priísta es la que decidió, negoció y definió que José Antonio Meade debía ser su próximo abanderado para la contienda electoral de julio próximo pero lo que no calcularon es que la base no iba a aceptar tan fácilmente a un personaje que no solo no es del PRI sino que además ha colaborado con el PAN y se ha rodeado de panistas y expanistas para  este proceso.

La buena noticia para el priismo es que la diferencia entre el primero y el tercer lugar es básicamente un margen de error, amplio pero a fin de cuentas sólo el margen de error; la mala es que estadísticamente ningún candidato del PRI a la Presidencia ha logrado subir sus números en la campaña, al contrario terminan más abajo de donde comienzan.

Esta encuesta publicada por Mitofsky le da un fuerte golpe de realidad pero también pone sobre la mesa un importante riesgo para Meade y compañía quienes necesitan retomar los elementos básicos que lo llevaron a ser considerado un posible candidato competitivo.

El equipo del precandidato tricolor ha desperdiciado tiempo valioso, no han logrado enganchar con la base de la militancia y aunque la cúpula priista diga que a final de cuentas el apoyo necesario llegará, cada vez son más las voces de duda respecto a la posibilidad de triunfo.

Por parte del puntero Andrés Manuel López Obrador, hasta el momento se observa mayor confianza pero sobre todo una campaña mucho más sólida, estructurada e incluso coordinada que en las ocasiones anteriores.

AMLO se ve un candidato tan sólido que aún decisiones como la candidatura de Sergio Mayer en la Ciudad de México o el importante número de arribistas que están abandonando sus partidos y creencias a cambio de una posibilidad de ocupar un puesto de elección popular (algunos incluso por segunda ocasión) no parece hacer mella en los números del tabasqueño.

Su campaña de mensajes de descalificación al gobierno está bien complementada con burlas en las redes sociales a los intentos de descalificarlo e incluso le están sumando una imagen simpática que lo aleja de aquella iracunda e intolerante que ha dejado ver en ocasiones con más presión.

Por lo que toca a Ricardo Anaya cada vez parece perder más seguidores, panistas y perredistas abandonan el barco por igual y se le empieza a notar al precandidato un dejo de preocupación en el rostro, ello sumado a lo ficticios que se observan sus intentos de parecer una persona común termina por mostrarlo falso e inseguro.

Anaya ha construido su camino a la candidatura presidencial a través de hierro y fuego, como resultado ha ganado muchas desavenencias y enconos que no podrá solventar mientras que se ha allegado de personajes que no buscan apoyarlo sino obtener beneficio personal como es el caso de Rafael Moreno Valle, quien seguramente se desentenderá del apoyo una vez haya amarrado la candidatura de la gubernatura de Puebla para su esposa.

El aprendizaje de esta etapa es claro para los precandidatos y sus equipos: la soberbia es una cruel consejera, hacerle caso llevará a tener una percepción equivocada de lo que ocurre y eso terminará afectando las decisiones importantes.