El techo de la deuda americana

19 de enero de 2018

Roman Acosta Rodríguez

Hay muchos aspectos de la democracia norteamericana que son envidiables desde la perspectiva mexicana; sin embargo, el proceso de fondeo del gasto gubernamental no es uno de ellos. A diferencia del proceso mexicano donde cada año se elabora y se aprueba un presupuesto de egresos junto con un plan para fondear dicho gasto con deuda pública (en caso de ser requerido), en Estados Unidos el proceso de elaboración de un presupuesto no presupone que se apruebe el plan de financiamiento de dicho gasto, inclusive en algunos años el Congreso no ha logrado llegar a un acuerdo para pasar el presupuesto y terminan usando el del año anterior.

Este proceso da como resultado que cada cierto tiempo el Departamento del Tesoro norteamericano se vea en la necesidad de solicitar un incremento en el techo de la deuda al Congreso. Esto es exactamente lo que está ocurriendo actualmente y, al momento de escribir esta columna, no se ha llegado a algún acuerdo para incrementar este techo de deuda, el reloj sigue su marcha y el gobierno norteamericano sólo cuenta con suficiente dinero para operar de aquí al fin de semana.

Usted podría pensar que esto no es más que una artimaña política y que los legisladores americanos no podrían ser tan estúpidos como para no aprobar el incremento del techo de deuda y forzar a su país a entrar en default. De ser así, estaría usted subestimando la estupidez (¿o la ambición?) de estos personajes. Hace tan sólo cinco años, los republicanos se lanzaron con todo a tratar de bloquear las políticas de Obama y en su intento por frenar al Presidente optaron por la “opción nuclear” de impedir el incremento de dicho techo.

El resultado fue catastrófico para los republicanos. Los medios de comunicación se cansaron de publicar notas y reportajes de madres solteras con niños llorando en sus brazos porque las guarderías del gobierno no podían operar por falta de recursos. Otros medios publicaron videos de las calles de Washington DC repletas de montañas de basura debido a que el gobierno no podía fondear los servicios de recolección en la capital del país.

En ese entonces los republicanos dominaban el Congreso y tenían como misión parar al Presidente. La situación ahora es distinta. Los republicanos tienen la mayoría en ambas cámaras y la Presidencia, pero la mayoría prefieren llegar a un acuerdo con los demócratas moderados que hacerlo exclusivamente con republicanos e incluir las propuestas de sus compañeros de extrema derecha.

La gran pregunta es quién se comería la culpa de haber detenido al gobierno si esto llegase a ocurrir. ¿Podrá Trump echarles la culpa a los demócratas si el Congreso dominado por republicanos no llega a un acuerdo? Sin duda lo intentaría, pero se escucha difícil que logre convencer a alguien más que David Duke.

Esta peculiaridad del sistema de presupuestación estadounidense ha sido usada en las últimas dos décadas como un mecanismo para forzar a los partidos políticos a llegar a acuerdos respecto a los temas más controversiales. Desde un punto de vista financiero, esta maniobra introduce incertidumbre y presiones innecesarias en la economía estadounidense; sin embargo, este mecanismo ha sido muy efectivo para forzar a ambas partes del sistema político a llegar a acuerdos en una ventana de tiempo definida. Es por esta razón que cada que se está por llegar al techo de la deuda usted y yo escuchamos por todos lados las declaraciones de Trump hablando de un mar de sinsentidos, como del muro y su fuente de financiamiento.

Lo más probable es que para cuando usted lea esta columna el Congreso norteamericano ya haya aprobado el nuevo incremento al techo de la deuda (anda como en 20 billones de dólares, algo así como 20 veces el PIB de México) pero sólo lo suficiente como para fondear las operaciones del gobierno norteamericano por unos meses, si no es que por unas semanas. Ponga usted atención en este plazo, porque en ese tiempo el Congreso volverá a sentarse a negociar y usted y yo podremos nuevamente disfrutar de las sandeces de Trump.