Kafka revival

17 de octubre de 2017

Luz del Alba Belasko

 

La idea del candidato independiente en México, ha devenido en todo un absurdo, con el concepto tal y como lo diseñó Franz Kafka.

Allá, en tiempos en que la Zona Rosa era sitio de encuentro de escritores, artistas y hippies, José Luis Cuevas, el ‘enfant terrible’ de entonces y que colgaba de espectaculares sus murales efímeros, acertó a decir eso: que México era un país kafkiano.

Todo es amorfo, no hay quien responda, nadie es responsable; la solicitud o queja del ciudadano viaja por un laberinto que vuelve loco al ciudadano más fuerte. Pero también —se dijo— habían absurdos como ése en que aparece un candidato “único” para “contender” por la Presidencia de la República.

En México hay millares de escenas kafkianas como esta, pero nos detenemos para comentar la siguiente.

El INE, al cierre de su feche límite para inscripción de suspirantes independientes a la candidatura para Presidente de la República 2018, tenía (las cifras saltan de una a otra) ¡ochenta y seis ciudadanos inscritos! para este negocio. Cuarenta de ellos, ya habían sido avalados con documentación correcta por parte del INE; el resto se debatía entre llenar o no los requisitos.

Supongamos que de esos 86 suspirantes, 60 llenan los requisitos. Como se sabe, todos ellos tendrán que reunir algo así como 900 mil firmas cada uno, en por lo menos 17 entidades de la República.

Las matemáticas no mienten si bien aquí resultan para Ripley: de ser cierto que los 60 pudieran reunir esas firmas, se habla entonces de ¡54 millones de ellas! Absurdo de verdad, porque el padrón electoral (según datos del INE al mes de junio 2017) es de cerca de los 87 millones de posibles votantes.

De ellos, se sabe también por estadísticas, que van a votar un 40 – 50 por ciento; esto es, unos 43 millones. Si cada ciudadano independiente lograra esas firmas (y virtual voto a su candidatura) el absurdo tomaría cartas mayores en el asunto: los candidatos con partido (PRI, Frente, Morena y rémoras que acompañan a cada uno) estarían entonces fuera de la jugada.

Así, el INE ha creado a cerca de 90 Gregorios Samsa, que de un día para otro se levantan convertidos en un horripilante insecto, totalmente desconocido para el ciudadano que va a votar en 2018.

Kafkiano de verdad.

Que claro, hay Gregorios Samsa con privilegios, debido a lo absurdo que resulta el INE en estas apuestas. Por ejemplo, si bien se dice que el ciudadano independiente, es aquel que no tiene partido, esto es sólo la letra; en lo kafkiano, a alguien como Margarita Zavala, le bastaron 10 minutos para deshacerse de una militancia de 33 años en el PAN… y decirle al INE que ahora “ya no tenía partido” pero sí toda la estructura, todo el dinero, todos los simpatizantes que hizo con los recursos de su partido… Y que ahora era ya (dado el absurdo sistema electoral promovido por el INE) “candidata independiente”.

¿No es esto de verdad kafkiano?

Y no porque ese renglón abierto al ciudadano que aspira sin partido a puesto político esté mal; en muchos países ha dado resultado… Es la letra mal hecha la que mata ese espíritu: como en ‘El Proceso’, libro de Franz Kafka, no era la ley la que pudieron faltar razones, eran aquellos que la diseñaron quienes la pervirtieron.